Himno a la Virgen de Luján

MADRE DE LUZ, Himno a la Virgen de Luján, alentado por el Papa Francisco cuando era Cardenal primado de la Argentina.

¿Has orado hoy por el Papa Francisco?: Ave María...

19.10.14.- Homilía de la Beatificación de Pablo VI y Angelus


Acabamos de escuchar una de las frases más famosas de todo el Evangelio: «Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22,21).

Jesús responde con esta frase irónica y genial a la provocación de los fariseos que, por decirlo de alguna manera, querían hacerle el examen de religión y ponerlo a prueba. Es una respuesta inmediata que el Señor da a todos aquellos que tienen problemas de conciencia, sobre todo cuando están en juego su conveniencia, sus riquezas, su prestigio, su poder y su fama. Y esto ha sucedido siempre.

Evidentemente, Jesús pone el acento en la segunda parte de la frase: «Y [dar] a Dios lo que es de Dios». Lo cual quiere decir reconocer y creer firmemente –frente a cualquier tipo de poder– que sólo Dios es el Señor del hombre, y no hay ningún otro. Ésta es la novedad perenne que hemos de redescubrir cada día, superando el temor que a menudo nos atenaza ante las sorpresas de Dios.

¡Él no tiene miedo de las novedades! Por eso, continuamente nos sorprende, mostrándonos y llevándonos por caminos imprevistos. Nos renueva, es decir, nos hace siempre “nuevos”. Un cristiano que vive el Evangelio es “la novedad de Dios” en la Iglesia y en el mundo. Y a Dios le gusta mucho esta “novedad”.

«Dar a Dios lo que es de Dios» significa estar dispuesto a hacer su voluntad y dedicarle nuestra vida y colaborar con su Reino de misericordia, de amor y de paz.

En eso reside nuestra verdadera fuerza, la levadura que fermenta y la sal que da sabor a todo esfuerzo humano contra el pesimismo generalizado que nos ofrece el mundo. En eso reside nuestra esperanza, porque la esperanza en Dios no es una huida de la realidad, no es una coartada: es ponerse manos a la obra para devolver a Dios lo que le pertenece. Por eso, el cristiano mira a la realidad futura, a la realidad de Dios, para vivir plenamente la vida –con los pies bien puestos en la tierra– y responder, con valentía, a los incesantes retos nuevos.

Lo hemos visto en estos días durante el Sínodo extraordinario de los Obispos –“sínodo” quiere decir “caminar juntos”–. Y, de hecho, pastores y laicos de todas las partes del mundo han traído aquí a Roma la voz de sus Iglesias particulares para ayudar a las familias de hoy a seguir el camino del Evangelio, con la mirada fija en Jesús. Ha sido una gran experiencia, en la que hemos vivido la sinodalidad y la colegialidad, y hemos sentido la fuerza del Espíritu Santo que guía y renueva sin cesar a la Iglesia, llamada, con premura, a hacerse cargo de las heridas abiertas y a devolver la esperanza a tantas personas que la han perdido.

Por el don de este Sínodo y por el espíritu constructivo con que todos han colaborado, con el Apóstol Pablo, «damos gracias a Dios por todos ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones» (1 Ts 1,2). Y que el Espíritu Santo que, en estos días intensos, nos ha concedido trabajar generosamente con verdadera libertad y humilde creatividad, acompañe ahora, en las Iglesias de toda la tierra, el camino de preparación del Sínodo Ordinario de los Obispos del próximo mes de octubre de 2015. Hemos sembrado y seguiremos sembrando con paciencia y perseverancia, con la certeza de que es el Señor quien da el crecimiento (cf. 1 Co 3,6).

En este día de la beatificación del Papa Pablo VI, me vienen a la mente las palabras con que instituyó el Sínodo de los Obispos: «Después de haber observado atentamente los signos de los tiempos, nos esforzamos por adaptar los métodos de apostolado a las múltiples necesidades de nuestro tiempo y a las nuevas condiciones de la sociedad» (Carta ap. Motu proprio Apostolica sollicitudo).

Contemplando a este gran Papa, a este cristiano comprometido, a este apóstol incansable, ante Dios hoy no podemos más que decir una palabra tan sencilla como sincera e importante: Gracias. Gracias a nuestro querido y amado Papa Pablo VI. Gracias por tu humilde y profético testimonio de amor a Cristo y a su Iglesia.

El que fuera gran timonel del Concilio, al día siguiente de su clausura, anotaba en su diario personal: «Quizás el Señor me ha llamado y me ha puesto en este servicio no tanto porque yo tenga algunas aptitudes, o para que gobierne y salve la Iglesia de sus dificultades actuales, sino para que sufra algo por la Iglesia, y quede claro que Él, y no otros, es quien la guía y la salva» (P. Macchi, Paolo VI nella sua parola, Brescia 2001, 120-121). En esta humildad resplandece la grandeza del Beato Pablo VI que, en el momento en que estaba surgiendo una sociedad secularizada y hostil, supo conducir con sabiduría y con visión de futuro –y quizás en solitario– el timón de la barca de Pedro sin perder nunca la alegría y la fe en el Señor.

Pablo VI supo de verdad dar a Dios lo que es de Dios dedicando toda su vida a la «sagrada, solemne y grave tarea de continuar en el tiempo y extender en la tierra la misión de Cristo» (Homilía en el inicio del ministerio petrino, 30 junio 1963: AAS 55 [1963], 620), amando a la Iglesia y guiando a la Iglesia para que sea «al mismo tiempo madre amorosa de todos los hombres y dispensadora de salvación» (Carta enc. Ecclesiam Suam, Prólogo).

Palabras de Francisco en el Ángelus


A la hora del ángelus dominical el Papa Francisco destacó la figura del nuevo Beato Pablo VI, a quien definió valiente defensor de la misión ad gentes en el día en que se celebra también la Jornada Misionera Mundial.

Tras saludar a los peregrinos procedentes de Italia y de varios países, con un pensamiento deferente a las Delegaciones Oficiales y en particular a los fieles de las diócesis de Brescia, Milán y Roma, ligadas de modo significativo a la vida y al ministerio del Papa Montini, el Santo Padre agradeció a todos su presencia y exhortó a seguir fielmente las enseñanzas y el ejemplo del nuevo Beato.

Antes de rezar a la Madre de Dios, el Obispo de Roma destacó que a este Pontífice el pueblo cristiano le estará siempre agradecido por la Exhortación apostólica Marialis cultus y por haber proclamado a María “Madre de la Iglesia”, con ocasión de la clausura de la tercera sesión del Concilio Vaticano II.


Texto de la alocución del Papa antes de rezar a la Madre de Dios


Queridos hermanos y hermanas:


Al término de esta solemne celebración, deseo saludar a los peregrinos procedentes de Italia y de varios países, con un pensamiento deferente a las Delegaciones Oficiales. En particular saludo a los fieles de las diócesis de Brescia, Milán y Roma, ligadas de modo significativo a la vida y al ministerio del Papa Montini. Agradezco a todos su presencia y exhorto a seguir fielmente las enseñanzas y el ejemplo del nuevo Beato.

Él ha sido un valiente defensor de la misión ad gentes. Es testimonio de esto sobre todo la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi con la que ha querido despertar el impulso y el empeño para la misión de la Iglesia. Y esta exhortación aún es actual, tiene toda la actualidad. Es significativo considerar este aspecto del Pontificado de Pablo VI, precisamente hoy, en que se celebra la Jornada Misionera Mundial.

Antes de invocar todos juntos a la Virgen con la oración del Ángelus, me agrada subrayar la profunda devoción mariana del Beato Pablo VI. A este Pontífice el pueblo cristiano le estará siempre agradecido por la Exhortación apostólica Marialis cultus y por haber proclamado a María “Madre de la Iglesia”, con ocasión de la clausura de la tercera sesión del Concilio Vaticano II.

Que María, Reina de los Santos, nos ayude a realizar fielmente en nuestra vida la voluntad del Señor, tal como lo hizo el nuevo Beato.

Angelus…

Sínodo: 18.10.14.- "Relatio Synodi" de la Tercera Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos: "Los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la evangelización"

Sínodo: 18.1.14.- Discurso final del Papa Francisco

Queridos: Eminencias, Beatitudes, Excelencias, hermanos y hermanas:

¡Con un corazón lleno de reconocimiento y de gratitud quiero agradecer junto a ustedes
al Señor que nos ha acompañado y nos ha guiado en los días pasados, con la luz del Espíritu Santo!

Agradezco de corazón a S. E. Card. Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo, S. E. Mons. Fabio Fabene, Sub-secretario, y con ellos agradezco al Relator S. E. Card. Peter Erdő y el Secretario Especial S. E. Mons. Bruno Forte, a los tres Presidentes delegados, los escritores, los consultores, los traductores, y todos aquellos que han trabajado con verdadera fidelidad y dedicación total a la Iglesia y sin descanso: ¡gracias de corazón!

Agradezco igualmente a todos ustedes, queridos Padres Sinodales, Delegados fraternos, Auditores, Auditoras y Asesores por su participación activa y fructuosa. Los llevare en las oraciones, pidiendo al Señor los ¡recompense con la abundancia de sus dones de su gracia!

Puedo decir serenamente que – con un espíritu de colegialidad y de sinodalidad – hemos vivido verdaderamente una experiencia de "sínodo", un recorrido solidario, un "camino juntos".

Y siendo “un camino" – como todo camino – hubo momentos de corrida veloz, casi de querer vencer el tiempo y alcanzar rápidamente la meta; otros momentos de fatiga, casi hasta de querer decir basta; otros momentos de entusiasmo y de ardor. Momentos de profunda consolación, escuchando el testimonio de pastores verdaderos (Cf. Jn. 10 y Cann. 375, 386, 387) que llevan en el corazón sabiamente, las alegrías y las lágrimas de sus fieles. Momentos de gracia y de consuelo, escuchando los testimonios de las familias que han participado del Sínodo y han compartido con nosotros la belleza y la alegría de su vida matrimonial. Un camino donde el más fuerte se ha sentido en el deber de ayudar al menos fuerte, donde el más experto se ha prestado a servir a los otros, también a través del debate. Y porque es un camino de hombres, también hubo momentos de desolación, de tensión y de tentación, de las cuales se podría mencionar alguna posibilidad:

La tentación del endurecimiento hostil, esto es el querer cerrarse dentro de lo escrito (la letra) y no dejarse sorprender por Dios, por el Dios de las sorpresas (el espíritu); dentro de la ley, dentro de la certeza de lo que conocemos y no de lo que debemos todavía aprender y alcanzar. Es la tentación de los celantes, de los escrupulosos, de los apresurados, de los así llamados "tradicionalistas" y también de los intelectualistas.

La tentación del “buenismo” destructivo, que a nombre de una misericordia engañosa venda las heridas sin primero curarlas y medicarlas; que trata los síntomas y no las causa y las raíces. Es la tentación de los "buenistas", de los temerosos y también de los así llamados “progresistas y liberalistas”.

La tentacion de transformar la piedra en pan para romper el largo ayuno, pesado y doloroso (Cf. Lc 4, 1-4) y también de transformar el pan en piedra , y tirárla contra los pecadores, los débiles y los enfermos (Cf. Jn 8,7) de transformarla en “fardos insoportables” (Lc 10,27).

- La tentación de descender de la cruz, para contentar a la gente, y no permanecer, para cumplir la voluntad del Padre; de ceder al espíritu mundano en vez de purificarlo y inclinarlo al Espíritu de Dios.

- La Tentación de descuidar el “depositum fidei”, considerándose no custodios, sino propietarios y patrones, o por otra parte, la tentación de descuidar la realidad utilizando ¡una lengua minuciosa y un lenguaje pomposo para decir tantas cosas y no decir nada!

Queridos hermanos y hermanas, las tentaciones no nos deben ni asustar ni desconcertar, ni mucho menos desanimar, porque ningún discípulo es más grande de su maestro; por lo tanto si Jesús fue tentado – y además llamado Belcebú (Cf. Mt 12,24) – sus discípulos no deben esperarse un tratamiento mejor.

Personalmente me hubiera preocupado mucho y entristecido sino hubieran estado estas tenciones y estas discusiones animadas; este movimiento de los espíritus, como lo llamaba San Ignacio (EE, 6) si todos hubieran estado de acuerdo o taciturnos en una falsa y quietista paz. En cambio he visto y escuchado – con alegría y reconocimiento – discursos e intervenciones llenos de fe, de celo pastoral y doctrinal, de sabiduría, de franqueza, de coraje y parresia. Y he sentido que ha sido puesto delante de sus ojos el bien de la Iglesia, de las familias y la “suprema lex”: la “salus animarum” (Cf. Can. 1752). Y esto siempre sin poner jamás en discusión la verdad fundamental del Sacramento del Matrimonio: la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la procreatividad, o sea la apertura a la vida (Cf. Cann. 1055, 1056 y Gaudium et Spes, 48).

Esta es la Iglesia, la viña del Señor, la Madre fértil y la Maestra premurosa, que no tiene miedo de aremangarse las manos para derramar el oleo y el vino sobre las heridas de los hombres (Cf. Lc 10,25-37); que no mira a la humanidad desde un castillo de vidrio para juzgar y clasificar a las personas. Esta es la Iglesia Una, Santa, Católica y compuesta de pecadores, necesitados de Su misericordia. Esta es la Iglesia, la verdadera esposa de Cristo, que busca ser fiel a su Esposo y a su doctrina. Es la Iglesia que no tiene miedo de comer y beber con las prostitutas y los publicanos (Cf. Lc 15). La Iglesia que tiene las puertas abiertas para recibir a los necesitados, los arrepentidos y ¡no sólo a los justos o aquellos que creen ser perfectos! La Iglesia que no se avergüenza del hermano caído y no finge de no verlo, al contrario, se siente comprometida y obligada a levantarlo y a animarlo a retomar el camino y lo acompaña hacia el encuentro definitivo con su Esposo, en la Jerusalén celeste. 

¡Esta es la Iglesia, nuestra Madre! Y cuando la Iglesia, en la variedad de sus carismas, se expresa en comunión, no puede equivocarse: es la belleza y la fuerza del sensus fidei, de aquel sentido sobrenatural de la fe, que viene dado por el Espíritu Santo para que, juntos, podamos todos entrar en el corazón del Evangelio y aprender a seguir a Jesús en nuestra vida, y esto no debe ser visto como motivo de confusión y malestar.

Tantos comentadores han imaginado ver una Iglesia en litigio donde una parte esta contra la otra, dudando hasta del Espíritu Santo, el verdadero promotor y garante de la unidad y de la armonía en la Iglesia. El Espíritu Santo que a lo largo de la historia ha conducido siempre la barca, a través de sus Ministros, también cuando el mar era contrario y agitado y los Ministros infieles y pecadores.

Y, como he osado decirles al inicio, era necesario vivir todo esto con tranquilidad y paz interior también, porque el sínodo se desarrolla cum Petro et sub Petro,y la presencia del Papa es garantía para todos.

Por lo tanto, la tarea del Papa es aquella de garantizar la unidad de la Iglesia; es aquella de recordar a los fieles su deber de seguir fielmente el Evangelio de Cristo; es aquella de recordar a los pastores que su primer deber es nutrir la grey que el Señor les ha confiado y de salir a buscar – con paternidad y misericordia y sin falsos miedos – la oveja perdida.

Su tarea es la de recordar a todos que la autoridad en la Iglesia es servicio (Cf. Mc 9,33-35) como ha explicado con claridad el Papa Benedicto XVI con palabras que cito textualmente: “la Iglesia esta llamada y se empeña en ejercitar este tipo de autoridad que es servicio, y la ejercita no a título propio, sino en el nombre de Jesucristo… a través de los Pastores de la Iglesia, de hecho, Cristo apacienta a su grey: es Él que la guía, la protege, la corrige porque la ama profundamente. Pero el Señor Jesús, Pastor supremo de nuestras almas, ha querido que el Colegio Apostólico, hoy los Obispos, en comunión con el Sucesor de Pedro … participaran en este misión suya de cuidar al pueblo de Dios, de ser educadores de la fe, orientando, animando y sosteniendo a la comunidad cristiana, o como dice el Concilio, “cuidando sobre todo que cada uno de los fieles sean guiados en el Espíritu Santo a vivir según el Evangelio su propia vocación, a practicar una caridad sincera y operante y a ejercitar aquella libertad con la que Cristo nos ha librado” (Presbyterorum Ordinis, 6)… Y a través de nosotros – continua el Papa Benedicto – es que el Señor llega a las almas, las instruyen, las custodia, las guía. San Agustín en su Comentario al Evangelio de San Juan dice: “Sea por lo tanto un empeño de amor apacentar la grey del Señor” (123,5); esta es la suprema norma de conducta de los ministros de Dios, un amor incondicional, como aquel del buen Pastor, lleno de alegría, abierto a todos, atento a los cercanos y premuroso con los lejanos (Cf. S. Agustín, Discurso 340, 1; Discurso 46,15), delicado con los más débiles, los pequeños, los simples, los pecadores, para manifestar la infinita misericordia de Dios con las confortantes de la esperanza (Cf. Id., Carta 95,1)” (Benedicto XVI Audiencia General, miércoles, 26 de mayo de 2010).

Por lo tanto la Iglesia es de Cristo – es su esposa – y todos los Obispos del Sucesor de Pedro, tienen la tarea y el deber de custodiarla y de servirla, no como patrones sino como servidores. El Papa en este contexto no es el señor supremo sino más bien el supremo servidor – “Il servus servorum Dei”; el garante de la obediencia , de la conformidad de la Iglesia a la voluntad de Dios, al Evangelio de Cristo y a la Tradición de la Iglesia poniendo de parte todo arbitrio personal, siendo también – por voluntad de Cristo mismo – “el Pastor y Doctor supremo de todos los fieles” (Can. 749) y gozando “de la potestad ordinaria que es suprema, plena, inmediata y universal de la iglesia” (Cf. Cann. 331-334).

Queridos hermanos y hermanas, ahora todavía tenemos un año para madurar con verdadero discernimiento espiritual, las ideas propuestas y encontrar soluciones concretas a las tantas dificultades e innumerables desafíos que las familias deben afrontar; para dar respuesta a tantos desánimos que circundan y sofocan a las familias, un año para trabajar sobre la “Relatio Synodi” que es el reasunto fiel y claro de todo lo que fue dicho y discutido en esta aula y en los círculos menores.

¡El Señor nos acompañe y nos guie en este recorrido para gloria de Su nombre con la intercesión de la Virgen María y de San José! ¡Y por favor no se olviden de rezar por mí!.

(Traducción del italiano: jesuita Guillermo Ortiz y Renato Martinez)

Sínodo: 18.10.14.- Mensaje de la Asamblea del Sínodo sobre Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización

Ciudad del Vaticano, 18 octubre 2014 (VIS).-Esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha tenido lugar la conferencia de presentación del Mensaje de la III Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos dedicada a ''Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización'' (5-19 de octubre). Han intervenido los cardenales Raymundo Damasceno Assis, arzobispo de Aparecida (Brasil), Presidente delegado; Gianfranco Ravasi, Presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, Presidente de la Comisión para el Mensaje y Oswald Gracias, arzobispo de Bombay (India). Sigue el texto integral:
''Los Padres Sinodales, reunidos en Roma junto al Papa Francisco en la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, nos dirigimos a todas las familias de los distintos continentes y en particular a aquellas que siguen a Cristo, que es camino, verdad y vida. Manifestamos nuestra admiración y gratitud por el testimonio cotidiano que ofrecen a la Iglesia y al mundo con su fidelidad, su fe, su esperanza y su amor.

Nosotros, pastores de la Iglesia, también nacimos y crecimos en familias con las más diversas historias y desafíos. Como sacerdotes y obispos nos encontramos y vivimos junto a familias que, con sus palabras y sus acciones, nos mostraron una larga serie de esplendores y también de dificultades.

La misma preparación de esta asamblea sinodal, a partir de las respuestas al cuestionario enviado a las Iglesias de todo el mundo, nos permitió escuchar la voz de tantas experiencias familiares. Después, nuestro diálogo durante los días del Sínodo nos ha enriquecido recíprocamente, ayudándonos a contemplar toda la realidad viva y compleja de las familias.

Queremos presentarles las palabras de Cristo: ''Yo estoy ante la puerta y llamo, Si alguno escucha mi voz y me abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo''. Como lo hacía durante sus recorridos por los caminos de la Tierra Santa, entrando en las casas de los pueblos, Jesús sigue pasando hoy por las calles de nuestras ciudades. En sus casas se viven a menudo luces y sombras, desafíos emocionantes y a veces también pruebas dramáticas. La oscuridad se vuelve más densa, hasta convertirse en tinieblas, cuando se insinúan el mal y el pecado en el corazón mismo de la familia.

Ante todo, está el desafío de la fidelidad en el amor conyugal. La vida familiar suele estar marcada por el debilitamiento de la fe y de los valores, el individualismo, el empobrecimiento de las relaciones, el stress de una ansiedad que descuida la reflexión serena. Se asiste así a no pocas crisis matrimoniales, que se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio. Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas para la opción cristiana.

Entre tantos desafíos queremos evocar el cansancio de la propia existencia. Pensamos en el sufrimiento de un hijo con capacidades especiales, en una enfermedad grave, en el deterioro neurológico de la vejez, en la muerte de un ser querido. Es admirable la fidelidad generosa de tantas familias que viven estas pruebas con fortaleza, fe y amor, considerándolas no como algo que se les impone, sino como un don que reciben y entregan, descubriendo a Cristo sufriente en esos cuerpos frágiles.

Pensamos en las dificultades económicas causadas por sistemas perversos, originados ''en el fetichismo del dinero y en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano'', que humilla la dignidad de las personas. Pensamos en el padre o en la madre sin trabajo, impotentes frente a las necesidades aun primarias de su familia, o en los jóvenes que transcurren días vacíos, sin esperanza, y así pueden ser presa de la droga o de la criminalidad.

Pensamos también en la multitud de familias pobres, en las que se aferran a una barca para poder sobrevivir, en las familias prófugas que migran sin esperanza por los desiertos, en las que son perseguidas simplemente por su fe o por sus valores espirituales y humanos, en las que son golpeadas por la brutalidad de las guerras y de distintas opresiones. Pensamos también en las mujeres que sufren violencia, y son sometidas al aprovechamiento, en la trata de personas, en los niños y jóvenes víctimas de abusos también de parte de aquellos que debían cuidarlos y hacerlos crecer en la confianza, y en los miembros de tantas familias humilladas y en dificultad. Mientras tanto, ''la cultura del bienestar nos anestesia y ... todas estas vidas truncadas por la falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera''. Reclamamos a los gobiernos y a las organizaciones internacionales que promuevan los derechos de la familia para el bien común.

Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie. Agradecemos a los pastores, a los fieles y a las comunidades dispuestos a acompañar y a hacerse cargo de las heridas interiores y sociales de los matrimonios y de las familias.

También está la luz que resplandece al atardecer detrás de las ventanas en los hogares de las ciudades, en las modestas casas de las periferias o en los pueblos, y aún en viviendas muy precarias. Brilla y calienta cuerpos y almas. Esta luz, en el compromiso nupcial de los cónyuges, se enciende con el encuentro: es un don, una gracia que se expresa como dice el Génesis cuando los dos rostros están frente a frente, en una ''ayuda adecuada'', es decir semejante y recíproca. El amor del hombre y de la mujer nos enseña que cada uno necesita al otro para llegar a ser él mismo, aunque se mantiene distinto del otro en su identidad, que se abre y se revela en el mutuo don. Es lo que expresa de manera sugerente la mujer del Cantar de los Cantares: ''Mi amado es mío y yo soy suya", "Yo soy de mi amado y él es mío''.

El itinerario, para que este encuentro sea auténtico, comienza en el noviazgo, tiempo de la espera y de la preparación. Se realiza en plenitud en el sacramento del matrimonio, donde Dios pone su sello, su presencia y su gracia. Este camino conoce también la sexualidad, la ternura y la belleza, que perduran aun más allá del vigor y de la frescura juvenil. El amor tiende por su propia naturaleza a ser para siempre, hasta dar la vida por la persona amada. Bajo esta luz, el amor conyugal, único e indisoluble, persiste a pesar de las múltiples dificultades del límite humano, y es uno de los milagros más bellos, aunque también es el más común.

Este amor se difunde naturalmente a través de la fecundidad y la generatividad, que no es sólo la procreación, sino también el don de la vida divina en el bautismo, la educación y la catequesis de los hijos. Es también capacidad de ofrecer vida, afecto, valores, una experiencia posible también para quienes no pueden tener hijos. Las familias que viven esta aventura luminosa se convierten en un testimonio para todos, en particular para los jóvenes.

Durante este camino, que a veces es un sendero de montaña, con cansancios y caídas, siempre está la presencia y la compañía de Dios. La familia lo experimenta en el afecto y en el diálogo entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas. Además lo vive cuando se reúne para escuchar la Palabra de Dios y para orar juntos, en un pequeño oasis del espíritu que se puede crear por un momento cada día. También está el empeño cotidiano de la educación en la fe y en la vida buena y bella del Evangelio, en la santidad. Esta misión es frecuentemente compartida y ejercitada por los abuelos y las abuelas con gran afecto y dedicación. Así la familia se presenta como una auténtica Iglesia doméstica, que se amplía a esa familia de familias que es la comunidad eclesial. Por otra parte, los cónyuges cristianos son llamados a convertirse en maestros de la fe y del amor para los matrimonios jóvenes.

Hay otra expresión de la comunión fraterna, y es la de la caridad, la entrega, la cercanía a los últimos, a los marginados, a los pobres, a las personas solas, enfermas, extrajeras, a las familias en crisis, conscientes de las palabras del Señor: ''Hay más alegría en dar que en recibir''. Es una entrega de bienes, de compañía, de amor y de misericordia, y también un testimonio de verdad, de luz, de sentido de la vida.

La cima que recoge y unifica todos los hilos de la comunión con Dios y con el prójimo es la Eucaristía dominical, cuando con toda la Iglesia la familia se sienta a la mesa con el Señor. Él se entrega a todos nosotros, peregrinos en la historia hacia la meta del encuentro último, cuando Cristo ''será todo en todos''. Por eso, en la primera etapa de nuestro camino sinodal, hemos reflexionado sobre el acompañamiento pastoral y sobre el acceso a los sacramentos de los divorciados en nueva unión.

Nosotros, los Padres Sinodales, pedimos que caminen con nosotros hacia el próximo Sínodo. Entre ustedes late la presencia de la familia de Jesús, María y José en su modesta casa. También nosotros, uniéndonos a la familia de Nazaret, elevamos al Padre de todos nuestra invocación por las familias de la tierra:

Padre, regala a todas las familias la presencia de esposos fuertes y sabios, que sean manantial de una familia libre y unida.
Padre, da a los padres una casa para vivir en paz con su familia.
Padre, concede a los hijos que sean signos de confianza y de esperanza y a jóvenes el coraje del compromiso estable y fiel.
Padre, ayuda a todos a poder ganar el pan con sus propias manos, a gustar la serenidad del espíritu y a mantener viva la llama de la fe también en tiempos de oscuridad.
Padre, danos la alegría de ver florecer una Iglesia cada vez más fiel y creíble, una ciudad justa y humana, un mundo que ame la verdad, la justicia y la misericordia''.

P. Medina: "No te dejes desanimar por lo que a veces sucede en la Iglesia"

No pierdas amor e impulso para servir a la Iglesia, ni siquiera cuando ves con preocupación, como yo lo veo, que hay tantas brechas, ruinas y suciedad, no sólo que viene de fuera sino que existe y avanza también adentro.
Nuestra Iglesia ha conocido extremos de persecución, extremos de humillación, extremos de corrupción. Las oraciones generosas, el valor de los mártires y el testimonio de los santos han abierto siempre nuevos y más gloriosos capítulos.
Hemos superado tiempos en que los obispos arrianos eran mayoría.
Hemos superado tiempos en que los poderes reinantes se dedicaron a exterminar a todos los ministros ordenados–y en algunas regiones lo consiguieron.
Hemos superado tiempos en que hubo dos Papas, y hasta tres Papas.
Hemos superado errores doctrinales graves de Papas como Juan XXII, en el siglo XIV; el cual, sin embargo, después se enmendó, sin que por otra parte su enseñanza NUNCA tuviera las condiciones para ser considerada como ex cathedra y por consiguiente infalible.
Hemos superado oleadas de teólogos herejes, como pasó a fines del siglo XIX.
Hemos superado riadas de monjas fuera de la fe, como sucedió cuando la expansión de la doctrina de Arrio.
Hemos superado excomuniones mutuas entre obispos, patriarcas y Papas.
Hemos superado todo porque nos ha superado Cristo, que está por encima de todos, a quien sea la gloria por los siglos.
Amén.

Sínodo sobre la familia: la prueba de la no alineación (y no alienación) a la relatio


El sínodo extraordinario sobre la familia (Vaticano, 5-19 de octubre de 2014) pasa a la historia como el primer experimento eclesiástico del siglo XXI de adaptación popular. En sus anales conservará la fecha del 13 de octubre como el día decisivo. Ya nos hemos referido a lo que ha pasado ese lunes 13 así que remitimos al lector a aquel artículo (véase El sínodo de la confusión y del lifestyle ecumenism -que iba a hablar sobre la familia-). Se dijo que había gran consenso en torno al aperturismo hacia las tesis -nunca mejor dicho- "populares". Al final resultó que los planteamientos de pocos (véase Sínodo sobre la familia: al menos un cardenal y un obispo necesitan que recemos por ellos) no eran realmente los de todos. 
 
Esto ha quedado manifestado también en las conclusiones finalmente hechas públicas (no lo iban a ser) tras las discusiones de los círculos menores. Los obispos y demás participantes expresan un sentir contrario o no completamente alineado a lo que la relatio había reflejado a nombre de todos, especialmente en puntos de no poca monta. Ciertamente se ha expresado que no se trataba de la postura oficial pero no es menos cierto que el modo de comunicarla dio la impresión en muchos de que lo era. 
 
En la web de la Santa Sede ya están publicados todas las síntesis de los distintos grupos de trabajo y lingüisticos (puede verse en este enlace). El Vatican Information Service ha ofrecido un resumen de todo eso y es lo que ofrezco a continuación destacando en negrita lo que me parece más importante:

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Durante la duodécima Congregación General se presentaron en el Aula las relaciones de los diez Círculos menores, divididos por lenguas, dos en francés, tres en inglés, tres en italiano y dos en español. En general, los círculos menores ofrecieron tanto una evaluación de la "Relatio post disceptationem" (RPD), documento provisional en la mitad del recorrido del Sínodo, como varias posibles sugerencias para su inclusión en la "Relatio Synodi" (RS), documento definitivo y conclusivo de la Asamblea. En el Aula se expresó, en primer lugar, perplejidad por la publicación. si bien legítima de la RPD, porque, se dijo, se trata de un documento de trabajo que no expresa una opinión única y compartida por todos los Padres sinodales. Por lo tanto, después de haber apreciado el gran trabajo realizado para la redacción del texto y su estructura, los Círculos menores presentaron sus sugerencias. 
 
Ante todo se hizo hincapié en que la RPD se concentra en las preocupaciones de las familias en crisis, sin una referencia más amplia al mensaje positivo del evangelio de la familia, al hecho de que el matrimonio como sacramento, unión indisoluble entre el hombre y la mujer, es un valor aún muy presente y en el que muchas parejas creen.Por ello, se espera que la RS contenga también un mensaje fuerte de aliento y apoyo de la Iglesia a los cónyuges fieles..
 
Por otra parte es esencial -se afirmó- evidenciar más adecuadamente la doctrina sobre el matrimonio, insistiendo en que es un don de Dios. Otras sugerencias adicionales fueron que en la RS se integren también elementos no contenidos en la RPD como el tema de las adopciones, para la cuales se solicitó una simplificación de los procedimientos burocráticos, tanto nacionales como internacionales; o incluso las cuestiones de la biotecnología y la difusión de la cultura a través de la web, que pueden condicionar la vida familiar, así como una nota acerca de la importancia de las políticas en favor de la familia. 
 
Se reiteró que es necesario prestar más atención a la presencia de los ancianos en los hogares y a las familias que viven en extrema pobreza, denunciando también las tragedias de la prostitución, la mutilación genital femenina y la explotación de niños con fines sexuales y laborales. Es importante -se dijo en el Aula- resaltar el papel fundamental de las familias en la evangelización y en la transmisión de la fe, destacando la vocación misionera. Todo ello con el objetivo de proporcionar una evaluación completa y equilibrada de la idea de "familia" en el sentido cristiano.
 
Con respecto a las situaciones familiares difíciles, los Círculos menores han evidenciado que la Iglesia debe ser una casa acogedora para todos, con el fin de que nadie se sienta rechazado. Sin embargo, se manifestó el deseo de una mayor claridad, evitando confusiones, vacilaciones y eufemismos en el lenguaje; por ejemplo sobre la ley de la gradualidad, para que no se convierta en gradualidad de la ley. Además, algunos Círculos expresaron su preocupación por la analogía hecha con el párrafo 8 de la "Lumen Gentium", ya que podría dar la impresión de una voluntad por parte de la Iglesia, de legitimar situaciones familiares irregulares, aunque puedan representar una etapa en el camino hacia el sacramento del matrimonio.Otros Círculos pidieron que se profundizase el concepto de "comunión espiritual", para que sea evaluado y, eventualmente, promovido y difundido.
 
Con respecto al acercamiento de los divorciados que se han vuelto a casar al sacramento de la Eucaristía, se expresaron, por la mayor parte, dos opiniones. Por un lado, se sugirió que la doctrina no se modificase y siguiera siendo la misma de ahora;por otro se habló de abrirse a la posibilidad de conceder la comunión , desde la perspectiva de la compasión y de la misericordia, pero sólo si se cumplen unas condiciones determinadas. En algunos casos, además, se sugirió que la cuestión fuera estudiada por una comisión especial interdisciplinaria. También se pidió que se prestase más atención a los divorciados que no se han vuelto a casar, testigos a veces heroicos de la fidelidad matrimonial. Al mismo tiempo, se manifestó el deseo que se acelere el proceso de reconocimiento de la nulidad del matrimonio y de la constatación de la validez del mismo. Y se recordó que los hijos no son una carga, sino un don de Dios, fruto del amor entre los esposos. 
 
Se pidió una mayor orientación cristocéntrica, así como un mayor énfasis en el vínculo entre los sacramentos del matrimonio y el bautismo. La visión del mundo debe ser la que pasa por la lente del Evangelio, para invitar a los seres humanos a la conversión del corazón.
 
Igualmente se reiteró que, a pesar de la imposibilidad de equiparar el matrimonio entre hombre y mujer a las uniones homosexuales, las personas con esta orientación deben ser acompañadas pastoralmente y protegidas en su dignidad, pero sin que esto parezca una aprobación, por parte de la Iglesia, de su orientación y su forma de vida.Sobre la cuestión de la poligamia, en particular de los polígamos convertidos al catolicismo que deseen recibir los sacramentos, se sugirió un estudio amplio y exhaustivo.
 
Los grupos de trabajo también solicitaron una reflexión más amplia sobre la figura de María y la Sagrada Familia, para proponerlos como modelo de referencia para todos los núcleos familiares. Por último, se insistió en que se señalase que la RS será, en cualquier caso, un documento de preparación para el Sínodo Ordinario previsto para octubre de 2015.

P. Jorge Enrique Mújica, LC 

El Sínodo de la Familia se clausura con la beatificación del Papa Montini


Este domingo, día de la clausura del Sínodo sobre la Familia, el Papa Francisco proclamará Beato a Pablo VI, el Papa que dirigió la aplicación del Concilio Vaticano II a la vida de la Iglesia, el que instituyó los Sínodos de los Obispos y que pasó a la Historia por ser el Papa de la Humanae vitae.

 
Pablo VI ha pasado a la Historia como el Papa que dirigió la recta final del Concilio Vaticano II, clausurado en 1965, así como el timón de la Iglesia en el período sucesivo de grandes cambios. Fue el primer Papa que se subió a un avión para emprender grandes peregrinaciones internacionales, visitando los cinco continentes. Pablo VI fue también un gran defensor de la libertad, oponiéndose toda su vida a los totalitarismos violentos y dictaduras; en primer lugar, al fascismo en Italia, siguiendo después al terrorismo de las Brigadas Rojas. Pero, ¿por qué proclama ahora la Iglesia Beato a Pablo VI? Hay tres motivos fundamentales.

El milagro
 
Ante todo, Pablo VI es elevado a la gloria de los altares (acto con el que el Papa reconoce su íntima unión con Dios tras la muerte) porque así lo ha atestiguado un milagro atribuido a su intercesión, es decir, una curación científicamente inexplicable. El milagro acaeció en Estados Unidos, en el año 2001. Su protagonista es un niño, que entonces todavía no había nacido. Durante el quinto mes de embarazo, entró en condiciones críticas por la ruptura de la vejiga fetal, con ascitis -presencia de líquido en el abdomen-. El diagnóstico médico preveía la muerte del bebé en el vientre materno o, si sobrevivía, graves secuelas. El ginecólogo ofreció a la madre la posibilidad de abortar, pero ella rechazó la propuesta.
 
Siguiendo el consejo de una religiosa italiana, que había conocido al Papa Pablo VI, la abuela del niño colocó en el vientre de la madre una imagen del obispo de Roma con una reliquia e invocó su intercesión. Después, las oraciones se sucedieron, primero en familia, y luego en la parroquia. En la semana 34 de embarazo, nuevos análisis mostraron que la situación clínica del niño había mejorado mucho. En la semana 39, tras el parto por cesárea, el bebé mostró buenas condiciones físicas. Hoy, es un adolescente risueño. El milagro ha sido analizado por una comisión científica, dirigida por el médico Patrizio Polisca, que ha demostrado con pruebas detalladas cómo el bebé nació en buenas condiciones de una manera científicamente inexplicable.

Compromiso con la vida
 
«Ha sido un milagro en plena coherencia con la enseñanza del Papa Pablo VI y su defensa de la vida -ha explicado a Alfa y Omega el Postulador de su Causa de beatificación, el sacerdote Antonio Marrazzo-. Este milagro nos dice que Dios nos protege desde el seno materno, desde el momento en que la vida comienza. Para Dios, la vida humana es un valor que no se puede manipular, no se puede desechar».
 
Éste es, de hecho, el segundo gran motivo por el que el Papa Francisco proclama Beato a Pablo VI, quien defendió la vida humana en todas sus fases y circunstancias. «Esa curación -aclara el padre Marrazzo- va en línea con el magisterio de Giovanni Battista Montini, que escribió la encíclica Humanae vitae, en la que se habla de la defensa de la vida, de la familia, y del amor conyugal». Pablo VI fue duramente criticado por pasajes de esa encíclica, en particular, cuando descarta los métodos anticonceptivos artificiales como sistema de control de los nacimientos. El Postulador de su Causa recuerda que el Pontífice, hasta el final de su vida, dijo: «No me arrepentiré nunca de lo que he hecho, de lo que he escrito».
 
«La encíclica -añade Marrazzo- fue leída de manera reduccionista. Quería ser la encíclica sobre el amor conyugal. El argumento, por tanto, es mucho más amplio. Pero después se hizo una interpretación algo unilateral. Creo que la idea de Montini consistía, por un lado, en conservar la continuidad de lo que era el patrimonio doctrinal de la Iglesia; y, por otro lado, tratar de salir al paso de lo que es el valor de la realidad conyugal de la familia, de las urgencias que se presentaban en el mundo moderno. A Pablo VI le disgustó, más que nada, la violencia de algunas de las respuestas contra la encíclica. Pero no quedó turbado. Él sabía que estaba siguiendo la voluntad de Dios en aquel momento histórico».

Compromiso con la verdad 
El nuevo Beato Pablo VI

 
El otro motivo por el que Pablo VI es proclamado Beato se explica con su compromiso con la verdad. Fue uno de los grandes oponentes al fascismo de Benito Mussolini, cuando no era más que un joven sacerdote, asistente eclesiástico de la Federación Universitaria Católica Italiana. Como solía escribir en sus cartas, «el fascismo morirá de indigestión y será vencido por su propia prepotencia». Después, durante la Segunda Guerra Mundial, a petición del Papa Pío XII, Montini, que trabajaba en la Secretaría de Estado, creó una Oficina de información para los prisioneros de guerra y los refugiados, que en los años de su existencia, desde 1939 hasta 1947, recibió cerca de diez millones (9.891.497) de solicitudes de información y produjo más de once millones (11.293.511) de respuestas sobre las personas desaparecidas.
 
En esa época, monseñor Montini fue atacado varias veces por el Gobierno de Mussolini por meterse en política, encontrando siempre el apoyo del Papa. Con la misma determinación, siendo ya Papa, Pablo VI se enfrentó a otro tipo de totalitarismo, el terrorismo de extrema izquierda, que en Italia llevaba, entre otros, el nombre de Brigadas Rojas.
 
El 16 de marzo de 1978, su amigo de juventud Aldo Moro, político demócrata cristiano, fue secuestrado por las Brigadas Rojas, que mantuvieron al Papa en vilo durante 55 días. El 20 de abril, Moro pidió directamente la intervención del Papa. El Papa escribió una carta desgarradora para pedir su liberación. Entre otras cosas, decía: «Os lo pido, de rodillas, liberad a Aldo Moro, sencillamente, sin condiciones, y no a causa de mi humilde y afectuosa intercesión, sino en virtud de su dignidad de hermano común». El 9 de mayo, el cuerpo acribillado a balas del secuestrado fue encontrado en un coche en Roma. Visiblemente afectado y conmovido, el Papa presidió su funeral en San Juan de Letrán.
 
Su defensa de la verdad le llevó también a afrontar los difíciles momentos que vivió la Iglesia tras el Concilio Vaticano II, con protestas dentro de los mismos ambientes eclesiales. Ese período quedó caracterizado por la brusca caída de vocaciones al sacerdocio (muchos seminarios se vaciaron) y el gran número de sacerdotes que abandonaron su ministerio.
 
El padre Marrazzo explica que Pablo VI trató de vivir este desafío «con el máximo equilibrio. No traicionó el patrimonio de la Iglesia, tanto en el campo dogmático, como en la moral, o la pastoral. A veces, pudo dar la impresión, según algunos, de ser un Papa afligido, un Papa dudoso, con conflictos internos. No es verdad. De la documentación que hemos analizado, aparece una persona que vivía todo eso con esperanza. Trató de equilibrar la situación: ser el punto firme, la palabra firme que recordaba los valores absolutos: Dios y el hombre, la verdad sobre Dios y sobre el hombre», concluye el Postulador.

Jesús Colina. Roma 
Artículo originalmente publicado por Alfa y Omega

La Iglesia quiere estar como toda madre cerca de sus hijos, el Cardenal Martínez Sistach al final del Sínodo

(RV).- (con audio) RealAudioMP3 Al micrófono de la Radio Vaticana el Cardenal Sistach de Barcelona expresó que el Sínodo ha sido una experiencia eminentemente eclesial, una presencia y ayuda del Espíritu santo, un constatar la oración de tantos hombres y mujeres y matrimonios por el Sínodo, que se realizó en un ambiente de comunión, de fraternidad, de mucha libertad.

Refiere que el mensaje del Sínodo es muy positivo, con una actitud pastoral, porque la Iglesia como madre quiere estar cerca de los matrimonio que se toman en serio su compromiso matrimonial en medio de las dificultades que el mundo presenta de todo tipo. Y también muy cerca de los que no han conseguido la comunidad de vida y amor y que tienen dificultades y que se han roto sus proyectos de amor. La Iglesia quiere estar como toda madre cerca de sus hijos y que siempre ama al hijo sea cuál sea su conducta. La iglesia nos ama como padre, porque somos pecadores.

Pensando en el Sínodo del 2015 dice Sistach que su esperanza es que este Sínodo que ha empezado antes con la consulta al Pueblo de Dios y que el Papa desea continuar como un “caminar juntos”, se continúe según el documento final de este Sínodo, pero como un proyecto del que participa toda la Iglesia. De esta manera este Sínodo, con el próximo resultará un buen servicio a las familias, a las personas, a la Iglesia y al mundo.

Jesuita Guillermo Ortiz de RADIO VATICANA

P. Guadalix: "La que se está liando en el Sínodo de la familia"

La mejor cosa que ha hecho hasta ahora el sínodo sobre la familia ha sido la publicación en el boletín de la Santa Sede de las aportaciones de los círculos menores tras el tsunami de la Relatio.
Nadie en su sano juicio era capaz de comprender que, en una Iglesia que se quiere presentar desde la transparencia, libertad, apertura y ese nuevo espíritu fraterno y primaveral de Francisco, luego los fieles, a los que se dice considerar adultos, no puedan conocer qué se cuece de puertas adentro. No era tan complejo publicar las intervenciones de los distintos intervinientes, sobre todo para que eso nos permitiera conocer de qué pie cojea cada uno, sus ideas y sus ocurrencias más o menos afortunadas.
Nada de nada. Puro oscurantismo al más viejo estilo por más que se diga que en el Vaticano han llegado tiempos nuevos. Pero mira por donde, en el pecado llevaron la penitencia. Porque al final lo que parece que ha ocurrido -digo parece por la cosa de la tranquilidad- es que entre el cardenal Peter Erdo y monseñor Bruno Forte han hecho exactamente lo que les ha venido en gana no se sabe si por su cuenta o siguiendo alguna directriz.
El caso es que lo primero que ha llegado al pueblo de Dios ha sido una Relatio que no había por dónde coger, que teológicamente era un disparate de primer curso de teología, que si algo tenía eran ambigüedades y ya veremos y que, como bien se ha podido comprobar, ha levantado una polvareda que no se imaginaban.
He tenido el gusto de leerme esta mañana las aportaciones de los círculos menoresy lo que he comprobado es que nadie, pero NADIE, se atreve a apoyar públicamente la Relatio. Más aún, que los padres sinodales mayoritariamente ponen pegas para aburrir, critican aunque a veces sea en lenguaje diplomático-vaticano y de alguna forma dejan claro eso de que “no pasarán”.
Realmente, ¿qué ha ocurrido? Pues me temo que un cálculo equivocado de las fuerzas de los presentes en el sínodo. La impresión de un servidor, la mía, que puede estar equivocada, o tal vez no tanto -uno también tiene amigos en Roma y demás-es que algunos, cuyo rostro público han sido especialmente Erdo y Forte, pero con una retaguardia Kasperiana, decidieron forzar las cosas, sacar una relatio manipulada y recogiendo lo que mayoritariamente nadie pensaba, quizá con la falsa idea de que ante esos hechos consumados, y sabiendo que el papa Francisco no les enmendaría la plana, los sinodales tragarían, aunque con su poco de bilis, con el asunto, y que a partir de ahí las correcciones serían llevaderas. Además ya la prensa se encargaría de contar las bondades del documento y a ver luego quién se atrevía a llevar la contraria abiertamente.
Sencillo: forzamos el documento, lo damos a la prensa y a partir de ahí tendrán que tragar. Pues no tragaron. Y se lió en el aula sinodal, y me dicen que también en algún otro lugar de más altura. De momento el resultado es que las aportaciones de los círculos menores se cargan la relatio, que su santidad andaba con cara, según algunos padres sinodales recogida por la prensa especializada, “de vinagre” y que lo mejor que podían hacer Erdo y Forte era plantearse la posibilidad de acogerse a la vida cartujana.
Luz y taquígrafos. ¿Dónde está el problema? Que el pueblo de Dios, ese que decimos que es maduro y adulto, sepa, conozca, escuche y saque sus conclusiones. Efectivamente los tiempos cambian. Y los sinodales, de manera especial los cardenales, no se callan ni debajo del agua, mejor dicho, ni debajo de una Relatio por más apoyos superiores que pudiera tener. Esto es la libertad y sobre todo la responsabilidad de los hijos de Dios. Y que dure.
P. Guadalix
Infocatolica
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Jesús Sanz Montes Fracaso Franca Giansoldati Francesco Della Rovere Franz-Peter Tebartz-van Elsten Fraternidad San Pío X Fray Carballo Fray José Narlaly Frontera Fuenteovejuna Fundación Centesimus Annus Fundamentalismo Funeral Futuro G8 Gales Galilea Gaudete Gendarmes Genealogía Generación Genocidio Geriátrico Ginecólogos Giovanni Traettino Gitanos Gobernatorado Gobiernos Goya Producciones Graffiti Greco-católicos Greco-melquitas Greenaccord Griegos Grutas Vaticanas Grávida Argentina Gudtavo Cerati Guerrilla Guido Gusso Guillermo Marconi Guía Gólgota HIV Habladurías Hebreos Heridas Hermana Hermandad San Pío X Hermandades Hermanito de Jesús Herodes Heráldica Hijo de María Hindúes Hitler Hogar Hollande Holocausto Honestidad Honradez Hospital Bambino Gesú Hospital Italiano Hospital San Francisco Hospitalidad Humor Huracán Héroes Iglesia Armenia Apostólica de Cilicia Iglesia Copta Ortodoxa Iglesia Doméstica Iglesia Ortodoxa Rusa Il Messaggero Iluminación Imagen de Dios Imitación Inclusión Incoherencia Incomprensión Incredulidad Inculturación Independencia Indigenas Indulgencia Plenaria Infalibilidad Infanticidio Infobae Inocentes Inquietud Insistencia Instituto de Obras de Religión Instituto del Verbo Encarnado Institutos Seculares Inteligencia Interpretación Ir Isaac Isernia Izquierda J. C. Gracía de Polavieja JMJ. Radio Jacob Jacob Badde Jaime Septién Jaques Maritain Jardín Jeremías Job Jornada Misionera Mundial Jornada Mundial de la Alimentación Joseph Ratzinger Josué José Antonio Méndez Juan Bosco Martín Algarra Juan Mendicino Juez Eclesiástico Jugar Juicio Julio II Justin Welby Kailash Satyarthi Karehin II Kerigma Kiko Arguello La Nación Ladrón Laico Lamentos Laura Chinchilla Lavado Lavado de pies Leandro Martins Lectio Divina Lectura Legalismo Lenguaje Leprosos Lesa humanidad Letanías Ley de Dios Liberador Lidia Liguria Linchamiento Linda Hogan Linosa Literatura Lituania Llamado Llena de Gracia Logotipo Lope de Vega Loppiano Luis Abel Delgado Luis Pérez Bustamante Luis Rosales Luna Lunes del Angel Lusaka Luteranos Luto Lágrimas Lázaro Líbano M Macabeos Madonna della Libera Madre Laura Montoya Madre María Guadalupe García Zabala Madre de Jesús Madre de la Divina Providencia Madre de toda la humanidad Madre del Evangelio Madre del Evangelio viviente Madre del Redentor Madre llena de esperanza Maestra Mafiosos Magia Magistrados Magos de Oriente Malala Yousazfai Malicia Maltrato Mama Antula Mamá Manfred Lutz Mansos Mar del Plata Marginados Marialis Cultus Marian Valley María Cristina de Saboya María Elena Bergoglio María Reina María Vallejo-Nágera Mas por menos Mediador Mediocridad Meeting Menores Meriam Yahia Ibrahim Mes de María Metropolita Mexico Milàn Ministras de los Enfermos de San Camilo Minusválidos Miroslav Bulesic Mirtha Legrand Misa Criolla Misal Romano Miseria Misericordi Misionero. Testimonio Missio Moda Modelo de caridad Monaguillos Monasterio Mons. Alfonso Delgado Mons. Alfred Xuereb Mons. Angelo De Donatis Mons. Antonio Marto Mons. Arancedo Mons. Baltasar Porras Cardozo Mons. Carlos Franzini Mons. Darío de Jesús Monsalve Mons. Enrique Angelelli Mons. Ernesto Giobando Mons. Estanislao Karlic Mons. Fouad Twal Mons. Guido Pozzo Mons. León Kalenga Mons. Munilla Mons. Nikola Eterovic Mons. Ricardo Ezzati Mons. Stanislaw Gadecki Mons. Viganó Mons. Víctor Fernández Mons. Vísctor Sanchez Espinosa Mons. Ñañez Monseñor Aldo Giordano Monseñor Fernando Vérgez Alzaga Monseñor Francisco Gil Hellín Moral Mos. Georg Ratzinger Moscú Mosul Movimiento Apostólico Ciegos Movimiento Cristiano Liberación Movimiento por la Vida Mujer Eucarística Mujer de la memoria Muro de los lamentos Murumuraciones Museo del holocausto Museos Vaticanos Mística Nacionalismo Nairobi Narcotráfico Natalidad Natty Pretrosino Naufragio Nazis Necedad Neoliberalismo Neopentecostalismo Nerón New Age Nicolás Nicolás Maduro Moros Nietos Nigeria Niñas Niños por nacer No creyentes No nacidos Noche de los cristales Nochebuena Nostalgia Nostra Aetate Notre Dame Novo millennio ineunte Noé Nuestra Señora de Coromoto Nuestra Señora de Jerusalén Nuestra Señora de Kibeho Nuestra Señora de Knock Nuestra Señora de Lanka Nuestra Señora de la Antigua Nuestra Señora de la caricia Nuestra Señora de la ternura Nueva Jerusalen Nuevo testamento Nuncio Néstor Mora Núñez Nómadas Números Obendiencia Obispado Obispo auxiliar Obispos Holanda Objeción de conciencia Obra de Nazaret Obras Obras buenas Observancia Observatorio Occidente Oceanía Olimpìadas Omar Abboud Ombar Abboud Oprimidos Orar Orden Ecuestre del Santo Sepulcro Orden Sagrado Orden de la Santísima Trinidad Oscar Oscar Schmidt Oscar Ustari Oseas Oslo Otranto P. Alessandro de Sanctis P. Andrés Taborda P. Antonio Grande P. Aristi P. Carlo Buzzi P. Enrique Pozzoli P. Fabián P. Gabriel Amorth P. Gleison P. Guillermo Morado P. Guillermo Ortiz P. Humberto Yañez P. Iraburu P. Ismael Quiles P. Javier Klajner P. José Hernández P. Juan Garcia Inza P. Julio Sáinz Torres P. Luis Montes P. Marcelo Debenedectis P. Mariano Fazio P. Miguel d' Escoto P. Pedro Trevijano P. Peter Gumpel P. Renzo Zocca P. 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