Himno a la Virgen de Luján

MADRE DE LUZ, Himno a la Virgen de Luján, alentado por el Papa Francisco cuando era Cardenal primado de la Argentina.

¿Has orado hoy por el Papa Francisco?: Ave María...

21.11.14.- Migrantes. Papa: la Iglesia, madre sin fronteras, reconoce a Jesús en los necesitados

«La Iglesia anhela ser lugar de esperanza». Diálogo y acogida, dignidad humana, tutela de los derechos de los emigrantes y legalidad, cooperación, desarrollo y migraciones. Sin olvidar, el impulso a la integración y el respeto de las convenciones sociales y culturales de los países que reciben a los que emigran. Al concluir, este viernes, el VII Congreso Mundial de la Pastoral para los Migrantes, agradeciendo con aprecio el compromiso y la solicitud dedicada a los hombres y mujeres que aún hoy emprenden los denominados ‘viajes de la esperanza’, el Papa Francisco, alentando a acompañar a los que sufren la soledad y la marginación, aseguró su cercanía a los que desarrollan este apostolado y a quienes intentan ayudar:
«La Iglesia, además de ser una comunidad de fieles que reconoce a Jesucristo en el rostro del prójimo, es madre sin confines y sin fronteras. Es madre de todos y se esfuerza en alimentar la cultura de la acogida y de la solidaridad, donde nadie es inútil, está fuera de lugar o es para el descarte. Lo recordaba en el Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de este año: El fundamento de la dignidad de la persona no está en los criterios de eficiencia, de productividad, de clase social, de pertenencia a una etnia o grupo religioso, sino en el ser creados a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26-27) y, más aún, en el ser hijos de Dios; cada ser humano es hijo de Dios. ¡En él está impresa la imagen de Cristo!
Por lo tanto los migrantes, con su misma humanidad, aun antes de sus valores culturales, ensanchan el sentido de la fraternidad humana. Y, al mismo tiempo, su presencia es un llamado a la necesidad de desarraigar las desigualdades, las injusticias y los atropellos y abusos. De este modo, los migrantes pueden llegar a ser partners en la construcción de una identidad más rica para las comunidades que los hospedan, así como las personas que los reciben, estimulando el desarrollo de sociedades inclusivas, creativas y respetuosas de la dignidad de todos».
«La migración es también una invitación a imaginar un futuro diferente, que persiga el desarrollo del género humano en su totalidad, incluyendo a cada ser humano con su potencial espiritual y cultural y su contribución a un mundo más equitativo, marcado por la solidaridad mundial y el pleno respeto de la dignidad humana y de la vida», reiteró el Papa, recordando el documento final del precedente Congreso Mundial de este sector pastoral, celebrado en 2009.
Tras  recordar que a pesar de los acontecimientos, a veces penosos e incluso dramáticos, que se han registrado, la emigración sigue siendo un anhelo de esperanza, sobre todo en las regiones deprimidas del planeta, donde la falta de trabajo impide la realización de una existencia digna para los individuos y para sus familias, el Obispo de Roma destacó la importancia de los temas tratados en este Congreso Mundial: las desigualdades, la pobreza, el crecimiento demográfico, la aumentada necesidad de empleo en algunos sectores del mercado del trabajo, las calamidades debidas a los cambios climáticos, las guerras y las persecuciones, el anhelo de las nuevas generaciones de viajar para buscar nuevas oportunidades.
Sin olvidar las dificultades que se presentan y alentando a impulsar los beneficios que se deben afianzar, tanto en los países de los emigrantes como en los que los acogen, el Papa Bergoglio hizo hincapié en la importante misión de los agentes pastorales y la promoción de proyectos de evangelización y acompañamiento de los migrantes, con la catequesis, la liturgia y la celebración de los Sacramentos.
Y antes de su bendición, renovando su profunda gratitud por el servicio que los agentes de la pastoral para los migrantes ofrecen a la Iglesia, a sus comunidades y a las sociedades a las que pertenecen, el Santo Padre invocó sobre todos la protección de la Madre de Dios y de San José, que experimentaron las duras dificultades del exilio, buscando refugio en Egipto.

20.11.14.- Jesús llora cuando nuestro corazón se cierra a sus sorpresas, dijo el Papa en su homilía

Jesús llora también hoy cuando las puertas de nuestro corazón, de los pastores, de la Iglesia, se cierran a sus sorpresas no reconociendo a Aquel que trae la paz. Es cuanto afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
Jesús llora por Jerusalén, porque no ha reconocido a Aquel que trae la paz. Comentando el Evangelio del día, el Papa explicó que el Señor llora por “la cerrazón del corazón” de la “ciudad elegida, del pueblo elegido. Porque ¡no tenía tiempo de abrirle la puerta! Estaba demasiado ocupada y muy satisfecha de sí misma. Y Jesús sigue llamando a las puertas, como ha llamado a la puerta del corazón de Jerusalén: a las puertas de sus hermanos, de sus hermanas; a nuestras puertas, a las puertas de nuestro corazón, a las puertas de su Iglesia. Jerusalén se sentía contenta, tranquila con su vida y no tenía necesidad del Señor: no se había dado cuenta de la necesidad de salvación que tenía. Y por esta razón cerró su corazón ante el Señor”. “El llanto de Jesús” por Jerusalén  – afirmó Francisco  – es “el llanto por su Iglesia, hoy, por nosotros”:
“¿Y por qué Jerusalén no había recibido al Señor? Porque estaba tranquila con lo que tenía, no quería problemas. Pero también – lo dice el Señor en el Evangelio – ‘si hubieras comprendido también tú, en este día, lo que te trae la paz. No has reconocido el tiempo en el que has sido visitada’. Tenía miedo de ser visitada por el Señor; tenía miedo de la gratuidad de la visita del Señor. Estaba segura en las cosas que ella podía administrar. Estamos seguros en las cosas que nosotros podemos administrar… Pero nosotros no podemos administrar la visita del Señor, sus sorpresas”.
A lo que el Papa Francisco añadió:
“Y de esto tenía miedo Jerusalén: de ser salvada por el camino de las sorpresas del Señor. Tenía miedo del Señor, de su Esposo, de su Amado. Y así Jesús llora. Cuando el Señor visita a su pueblo, nos trae la alegría, nos trae la conversión. Y todos nosotros tenemos miedo no de la alegría, ¡no! – pero sí de la alegría que trae el Señor, porque no podemos controlarla. Tenemos miedo de la conversión, porque convertirse significa dejar que el Señor nos conduzca”.
“Jerusalén estaba tranquila, contenta – prosiguió diciendo el Papa –, el templo funcionaba. Los sacerdotes hacían sacrificios, la gente iba en peregrinación, los doctores de la ley habían organizado todo, ¡todo! ¡Todo claro! Todos los mandamientos claros… Y con todo esto Jerusalén tenía la puerta cerrada”. La cruz, “precio de aquel rechazo” – observó Francisco –  nos muestra el amor de Jesús, lo que lo lleva “a llorar también hoy – tantas veces – por su Iglesia”.
“Yo me pregunto: hoy nosotros los cristianos, que conocemos la fe, el catecismo, que vamos a Misa todos los domingos, nosotros los cristianos, nosotros los pastores, ¿estamos contentos de nosotros? Porque tenemos todo ordenado y no tenemos necesidad de nuevas visitas del Señor… Y el Señor sigue llamando a la puerta, de cada uno de nosotros y de su Iglesia, de los pastores de la Iglesia. Eh sí, la puerta de nuestro corazón, de la Iglesia, de los pastores no se abre: el Señor llora, también hoy”.
Por último el Papa invitó a hacer un examen de conciencia: “Pensemos en nosotros – dijo –, ¿cómo estamos en este momento ante Dios?”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

19.11.14.- Audiencia General: Cada paso hacia la santidad hace a las personas mejores, dijo el Papa en su catequesis

La Iglesia: Universal vocación a la Santidad
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Un gran don del Concilio Vaticano II ha sido aquel de haber recuperado una visión de Iglesia fundada sobre la comunión y de haber vuelto a incluir también el principio de la autoridad y de la jerarquía en tal perspectiva. Esto nos ha ayudado a entender mejor que todos los cristianos como bautizados, tienen igual dignidad ante el Señor y están unidos por la misma vocación, que es aquella a la santidad. (cfr Cost. Lumen Gentium, 39-42). Ahora nos preguntamos: ¿en qué consiste esta vocación universal a ser santos? ¿Y cómo podemos realizarla?
Ante todo debemos tener bien presente que la santidad no es algo que nos procuramos nosotros, que obtenemos nosotros con nuestras cualidades y nuestras capacidades. La santidad es un don, es el don que nos da el Señor Jesús, cuando nos toma consigo y nos reviste de sí mismo, nos hace como Él. En la Carta a los Efesios, el apóstol Pablo afirma que “Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, para santificarla (Ef 5,25-26). Por esto, de verdad la santidad es el rostro más bello de la Iglesia, es el rostro más bello: es descubrirse en comunión con Dios, en la plenitud de su vida y de su amor. Se entiende, por lo tanto, que la santidad no es una prerrogativa solamente de algunos: la santidad es un don que es ofrecido a todos, nadie está excluido, por lo cual, constituye el carácter distintivo de todo cristiano.
Todo esto nos hace comprender que para ser santos, no es necesario por fuerza ser obispos, sacerdotes o religiosos, no. ¡Todos estamos llamados a volvernos santos! Tantas veces estamos tentados en pensar que la santidad esté reservada solamente a aquellos que tienen la posibilidad de separarse de los quehaceres ordinarios, para dedicarse exclusivamente a la oración. ¡Pero no es así! Alguno piensa que la santidad es cerrar los ojos y hacer cara de estampita. ¡No, no es aquella la santidad! La santidad es algo más grande, más profundo que nos da Dios. Es más, es precisamente viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio cristiano en las ocupaciones de cada día que estamos llamados a volvernos santos. Y cada uno en las condiciones y en el estado de vida en el cual se encuentra. ¿Pero tú eres consagrado, consagrada? Sé santo viviendo con alegría tu donación y tu ministerio. ¿Eres casado? Sé santo amando y cuidando de tu marido o de tu esposa, como ha hecho Cristo con la Iglesia. ¿Eres un bautizado no casado? Sé santo cumpliendo con honestidad y competencia tu trabajo y ofreciendo tiempo al servicio de los hermanos. “Pero, padre, yo trabajo en una fábrica, yo trabajo como contador, siempre con los números...ahí no se puede ser santo”. “¡Sí, se puede! Allí, donde tú trabajas, tú puedes convertirte en santo. Dios te da la gracia de convertirte en santo, Dios se comunica contigo”.
Siempre y en todo lugar se puede ser santo, es decir, abrirse a esta gracia que trabaja dentro de nosotros y nos lleva a la santidad. ¿Eres padre o abuelo? Sé santo enseñando con pasión a los hijos o nietos a conocer y seguir a Jesús. Y se necesita tanta paciencia para esto, para ser un buen padre, un buen abuelo, una buena madre, una buena abuela, se necesita tanta paciencia, y en esta paciencia llega la santidad: ejercitando la paciencia. ¿Eres catequista, educador o voluntario? Sé santo convirtiéndote en signo visible del amor de Dios y de su presencia junto a nosotros. He aquí: cada estado de vida conduce a la santidad, ¡siempre! En tu casa, en la calle, en el trabajo, en la Iglesia, en ese momento y con el estado de vida que tú tienes, ha sido abierto el camino hacia la santidad. No se desanimen de ir por este camino. Es justamente Dios quien te da la gracia. Y lo único que nos pide el Señor es que estemos comunión con Él y al servicio de los hermanos.
En este punto, cada uno de nosotros puede hacer un poco de examen de conciencia – ahora podemos hacerlo, cada uno responde en silencio a sí mismo, dentro suyo, en silencio: ¿cómo hemos respondido hasta ahora a la llamada del Señor a la santidad? ¿Tengo ganas de ser un poco mejor, de ser más cristiano, más cristiana? Éste es el camino hacia la santidad. Cuando el Señor nos invita a convertirnos en santos, no nos llama a algo pesado, triste...¡Todo lo contrario! Es la invitación a compartir su alegría, a vivir y ofrecer con alegría cada momento de nuestra vida, haciéndolo convertirse al mismo tiempo en un don de amor para las personas que nos rodean. Si comprendemos esto, todo cambia y adquiere un significado nuevo, un significado bello, a partir de las pequeñas cosas de cada día.
Un ejemplo: una señora va al mercado a hacer las compras, encuentra una vecina, comienzan a hablar y luego…llegan las habladurías. Y esta señora dice: “no, yo no hablaré mal de nadie”. ¡Éste es un paso hacia la santidad! ¡Esto te ayuda a ser más santo! Luego, en tu casa, tu hijo te pide hablar contigo de sus cosas fantasiosas: “Oh, estoy tan cansado hoy, he trabajado mucho”. Pero tú: ¡acomódate y escucha a tu hijo, que tiene necesidad! Te acomodas, lo escuchas con paciencia y…¡éste es un paso hacia la santidad! Luego, termina el día, estamos todos cansados, pero ¿y la oración? ¡Hagamos la oración! ¡ése es un paso hacia la santidad! Llega el domingo, vamos a misa a tomar la comunión, a veces también una buena confesión que nos limpie un poco…¡Ése es un paso hacia la santidad! Después…la Virgen, tan buena y tan bella…tomo el rosario y le rezo…¡éste es un paso hacia la santidad! Tantos pasos hacia la santidad, pequeñitos. Voy por la calle, veo un pobre, un necesitado, me detengo, le pregunto, le doy algo…Es un paso hacia la santidad. ¡Pequeñas cosas! Son pequeños pasos hacia la santidad. Cada paso hacia la santidad nos hará mejores personas, libres del egoísmo y de la cerrazón en sí mismas, y abiertos a los hermanos y sus necesidades.
Queridos amigos, en la primera carta de Pedro se nos dirige esta exhortación: “Cada uno, como buen administrador de la multiforme gracia de Dios, ponga al servicio de los demás los dones que haya recibido. Quien predica, hable como quien entrega palabras de Dios; el que ejerce algún ministerio hágalo como quien recibe de Dios ese poder; de modo que en todo sea glorificado Dios por medio de Jesucristo(4,10-11)”. ¡Ésta es la llamada a la santidad! Recibámosla con alegría y sostengámonos los unos a los otros, porque el camino a la santidad no se recorre solos, cada uno por su cuenta, sino que se recorre juntos, en aquel único cuerpo que es la Iglesia, amada y santificada por el Señor Jesucristo. Vamos hacia adelante con coraje en este camino de la santidad. Gracias.
(Traducción del italiano: María Cecilia Mutual, Griselda Mutual - RV)
Texto completo del resumen de la catequesis del Papa en nuestro idioma:
Queridos hermanos y hermanas:
La catequesis de hoy está centrada en la vocación universal a la santidad.
¿En qué consiste esta vocación y cómo podemos realizarla? La santidad no la obtenemos por nuestras capacidades o cualidades personales. Es ante todo un don de Dios que nos hace el Señor Jesús revistiéndonos de Él mismo. Por lo tanto, la santidad es un descubrirse en plena comunión con Él, en la plenitud de su vida y de su amor. De esta manera, nadie queda excluido de la llamada a la santidad, la cual constituye el carácter distintivo de todo cristiano, urgido a vivirla en el amor y en el testimonio diario, cada uno en las condiciones y en el estado de vida en el cual se encuentra.
En la Primera Carta de San Pedro escuchamos: “Que cada uno viva según la gracia recibida, poniéndola al servicio de los demás, como buenos administradores de la gracia de Dios”. La llamada a la santidad no es una carga pesada, sino una invitación a vivir con alegría y amor cada momento de nuestra vida, transformándolo al mismo tiempo en un don para las personas que nos rodean. Cada paso hacia la santidad hace a las personas mejores, libres de egoísmo y abiertas a los hermanos y a sus necesidades.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México, Costa Rica y República Dominicana, así como a los venidos de otros países latinoamericanos. Acojamos  con alegría la invitación a la santidad y sostengámonos los unos a los otros en este camino que no se recorre solo, sino en comunión con aquel único cuerpo que es la Iglesia, nuestra Santa Madre, la Iglesia jerárquica. Muchas gracias y que el Señor les bendiga.

17.11.14.- Los niños tienen derecho a una familia con un padre y una madre, no a familia ideológica

Queridos hermanos y hermanas,
Los saludo cordialmente y agradezco al Cardenal Müller por las palabras con las cuales ha introducido este encuentro.
 1.     Ante todo, quisiera compartir una reflexión sobre el título de su Coloquio. “Complementariedad”: es una palabra preciosa, con múltiples valencias. Puede referirse a diversas situaciones en el cual un elemento completa al otro o lo sustituye en una carencia suya. Todavía, complementariedad es mucho más que esto. Los cristianos encuentran el significado en la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, donde el apóstol dice que el Espíritu ha dado a cada uno diversos dones en modo que, como los miembros del cuerpo humano se complementan para el bien del entero organismo, los dones de cada uno  pueden contribuir para el bien de todos (cfr 1 Cor 12). Reflexionar sobre la complementariedad no es otra cosa que meditar sobre las armonías dinámicas que están al centro de toda la Creación. Y esta es la palabra clave: armonía. Todas las complementariedades el Creador los ha hecho para que el Espíritu Santo, que es el autor de la armonía, haga esta armonía.
Oportunamente se han reunido en este Coloquio Internacional para profundizar el tema de la complementariedad entre el hombre y la mujer. De hecho, esta complementariedad está a la base del matrimonio y de la familia, que es la primera escuela donde aprendemos a apreciar nuestros dones y aquellos de los demás y donde comenzamos a aprender el arte del vivir juntos. Para la mayor parte de nosotros, la familia constituye el lugar principal en el cual iniciamos a “respirar” valores e ideales, como también a realizar nuestro potencial de virtudes y de caridad. Al mismo tiempo, como sabemos, las familias son lugares de tensiones: entre egoísmo y altruismo, entre razón y pasión, entre deseos inmediatos y objetivos a largo tiempo, etc. Pero las familias también proporcionan el ambiente en el cual se resuelven tales tensiones: y esto es importante. Cuando hablamos de complementariedad entre hombre y mujer en este contexto, no debemos confundir tales términos con la idea simplicista que todos los roles y las relaciones de ambos sexos están comprendidas en un modelo único y estático. La complementariedad asume muchas formas, porque cada hombre y cada mujer aportan su propia contribución personal al matrimonio y a la educación de los hijos. La propia riqueza personal, el propio carisma personal, y la complementariedad se convierten así en una grande riqueza. Y no sólo es un bien, sino también es belleza.
 2.     En nuestro tiempo el matrimonio y la familia están en crisis. Vivimos en una cultura de lo provisorio, en el cual siempre más personas renuncian al matrimonio como compromiso público. Esta revolución en las costumbres y en la moral muchas veces ha agitado la bandera de la libertad – entre comillas –, pero en realidad ha traído devastación espiritual y material a numerosos seres humanos, especialmente a los más vulnerables. Es siempre más evidente que el declino de la cultura del matrimonio está asociado a un aumento de la pobreza y a una serie de otros numerosos problemas sociales que hieren de manera desproporcionada a las mujeres, los niños y los ancianos. Y son siempre ellos los que sufren más, en esta crisis.
La crisis de la familia ha dado origen a una crisis de ecología humana, porque los ambientes sociales, como los ambientes naturales, tiene necesidad de ser protegidos. Si bien la humanidad ha comprendido ahora la necesidad de afrontar lo que constituye una amenaza para los ambientes naturales, somos lentos – pero somos lentos, ¿eh?, en nuestra cultura, también en nuestra cultura católica – somos lentos en reconocer que también nuestros ambientes sociales están en riesgo. Es pues indispensable promover una nueva ecología humana y hacerla caminar adelante.
 3.     Es necesario insistir sobre los pilares fundamentales que sostienen una nación: sus bienes inmateriales. La familia permanece en el fundamento de la convivencia y la garantía contra la exfoliación social. Los niños tienen el derecho de crecer en una familia, con un papá y una mamá, capaces de crear un ambiente idóneo a su desarrollo y a su maduración afectiva. Por esta razón, en la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, he puesto el acento sobre la contribución «indispensable» del matrimonio a la sociedad, contribución que «supera el nivel de la emotividad y de la necesidad contingente de la pareja» (n. 66). Por esto les estoy agradecido por el énfasis puesto por su Coloquio sobre los beneficios que el matrimonio puede aportar a los hijos, a los mismos esposos y a la sociedad.
En estos días, mientras reflexionaran sobre la complementariedad entre el hombre y la mujer, los exhorto a dar realce a otra verdad concerniente al matrimonio: que el compromiso definitivo en relación de la solidaridad, de la fidelidad y del amor responde a los deseos más profundos del corazón humano. Pensemos sobre todo a los jóvenes que representan el futuro: es importante que ellos no se dejen envolver por la mentalidad dañina de los provisional y sean revolucionarios con el coraje para buscar un amor fuerte y duradero, es decir de ir contracorriente: se debe hacer esto. Y sobre esto quisiera decir una cosa, ¿no? No debemos caer en la trampa de ser calificados con conceptos ideológicos. La familia es un hecho antropológico, y consecuentemente un hecho social, de cultura, etc. Y nosotros no podemos calificarla con conceptos de naturaleza ideológica que solamente tiene fuerza en un momento de la historia, y después caen. No se puede hablar hoy de familia conservadora o de familia progresista: la familia es familia. Pero no se dejen calificar así por esto o por otros conceptos, de naturaleza ideológica. La familia es en sí misma, tiene una fuerza en sí misma.
Pueda este Coloquio ser fuente de inspiración para todos aquellos que buscan sostener y reforzar la unión del hombre y de la mujer en el matrimonio como un bien único, natural, fundamental y bello para las personas, las familias, las comunidades y la sociedad.
En este contexto me gustaría confirmar que, a Dios rogando, en septiembre de 2015 iré a Philadelphia para el octavo Encuentro Mundial de las Familias.
Les agradezco por sus oraciones con las cuales acompañan mi servicio a la Iglesia. Yo también rezo por ustedes y los bendigo de corazón.
Muchas gracias.

17.11.14.- La Iglesia no es un grupo de elegidos encerrado en un microclima eclesiástico, dijo el Papa


Sucede en la Iglesia que los cristianos se sientan tentados de estar con Jesús sin querer estar con los pobres y los marginados, aislándose en un “microclima eclesiástico” que no tiene nada de auténticamente eclesial. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
Mirar a Jesús olvidándose de verlo en el pobre que pide ayuda, en el marginado que causa repugnancia. Es la tentación que la Iglesia vive en toda época, la de cercarse a sí misma dentro de un “microclima eclesiástico”, como lo define el Papa, en lugar de abrir las puertas a los excluidos socialmente.
La homilía de Francisco forma parte de una de las páginas más intensas del Evangelio, en que el protagonista es el ciego de Jericó, del que el Papa observó que representa la “primera clase de personas” que puebla el relato del evangelista Lucas. Un hombre que no contaba nada, pero que “tenía ganas de salvación”, “ganas de ser curado”, y que, por lo tanto, grita por encima del muro de la indiferencia que lo circunda hasta que vence su apuesta y logra llamar a la “puerta del corazón de Jesús”. A este hombre se opone el círculo de los discípulos, que pretenden acallarlo para evitar que moleste y asiendo así – afirmó el Papa – alejan “al Señor de una periferia”:
“Esta periferia no podía llegar al Señor, porque este círculo – pero con tanta buena voluntad, ¡eh! – cerraba la puerta. Y esto sucede con frecuencia, entre nosotros los creyentes: cuando hemos encontrado al Señor, sin que nosotros nos demos cuenta, se crea este microclima eclesiástico. No sólo los sacerdotes, los obispos, también los fieles: ‘Pero nosotros somos aquellos que están con el Señor. Y de tanto mirar al Señor no vemos las necesidades del Señor: no miramos al Señor que tiene hambre, que tiene sed, que está en prisión, que está en el hospital. Aquel Señor, en el marginado. Y este clima hace tanto mal”.
El Papa describió asimismo al grupito que se siente elegido – “ahora somos elegidos, estamos con el Señor”, dijo – y añadió que quieren conservar “este pequeño mundo” alejando a quien “molestara al Señor”, incluso “los niños”. “Habían olvidado, habían abandonado – notó Francisco – su primer amor”:
“Cuando en la Iglesia los fieles, los ministros, se vuelven un grupo así… no eclesial, sino ‘eclesiástico’, de privilegio de cercanía al Señor, tienen la tentación de olvidar al primer amor, ese amor tan bello que todos nosotros hemos tenido cuando el Señor nos ha llamado, nos ha salvado, nos ha dicho: ‘Pero te quiero tanto’. Ésta es una tentación de los discípulos: olvidar el primer amor, o sea olvidar también a las periferias, donde yo estaba antes, incluso si debo avergonzarme”.
Después está el tercer grupo de la escena: el “pueblo simple”, el que alaba a Dios por la curación del ciego. “Cuántas veces  – afirmó el Papa al respecto – encontramos gente sencilla, tantas viejitas que caminan y van” incluso con sacrificio “a rezar a un santuario de la Virgen”. “No piden privilegios, piden sólo la gracia”. Es el “pueblo fiel” – concluyó Francisco – aquel “que sabe seguir al Señor, sin pedir ningún privilegio”, capaz “de perder tiempo con el Señor” y, sobre todo, de no olvidar a la “Iglesia marginada” de los niños, de los enfermos, de los encarcelados:
“Pidamos al Señor la gracia que todos nosotros, que tenemos la gracia de haber sido llamados, jamás, jamás, jamás nos alejemos de esta Iglesia. Que jamás entremos en este microclima de los discípulos eclesiásticos, privilegiados, que se alejan de la Iglesia de Dios, que sufre, que pide salvación, que pide fe, que pide la Palabra de Dios. Pidamos la gracia de ser pueblo fiel de Dios, sin pedir al Señor ningún privilegio, que nos aleje del pueblo de Dios”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

16.11.14.- Jesús no pide que conservemos su gracia en una caja fuerte, el Papa en el Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El Evangelio de este domingo es la parábola de los talentos, tomada de san Mateo (25,14-30). Narra de un hombre que, antes de partir para un viaje, convoca a sus servidores y les confía su patrimonio en talentos, monedas antiguas de un gran valor. Ese hombre confía al primer servidor cinco talentos, al segundo dos, al tercero uno. Durante la ausencia del hombre, los tres servidores deben hacer fructificar este patrimonio. El primer y el segundo servidor duplican cada uno el capital inicial; el tercero, en cambio, por miedo a perder todo, entierra en un pozo el talento recibido. Al regreso del señor, los primeros dos reciben felicitaciones y la recompensa, mientras el tercero, que devuelve solamente la moneda recibida, es reprendido y castigado.
El significado de esto es claro. El hombre de la parábola representa a Jesús, los servidores somos nosotros y los talentos son el patrimonio que el Señor nos confía. ¿Cuál es el Patrimonio? Su Palabra, la Eucaristía, la fe en el Padre celeste, su perdón… en resumen, tantas cosas, sus más preciosos bienes. Este es el patrimonio que Él nos confía. No solamente para custodiar, sino para multiplicar. Mientras en el lenguaje común el término “talento” indica una resaltante cualidad individual – por ejemplo un talento en la música, en el deporte, etcétera –,  en la parábola los talentos representan los bienes del Señor, que Él nos confía para que los hagamos fructificar. El pozo cavado en el terreno por el «servidor malo y perezoso» (v. 26) indica el  temor del riesgo que bloquea la creatividad y la fecundidad del amor. Porque el miedo de los riesgos en el amor nos bloquea. Jesús no nos pide que conservemos su gracia en una caja fuerte. Jesus no nos pide esto, sino que quiere que la usemos para provecho de los demás. Todos los bienes que hemos recibido son para darlos a los demás, y así se multiplican. Es como si nos dijese: “He aquí mi misericordia, mi ternura, mi perdón: tómalos y  úsalos abundantemente”. Y nosotros ¿qué hemos hecho con ellos? ¿A quién hemos “contagiado” con nuestra fe? ¿A cuántas personas hemos alentado con nuestra esperanza? ¿Cuánto amor hemos compartido con nuestro prójimo? Son preguntas que nos hará bien formularnos. Cualquier ambiente, también el más lejano y árido, puede convertirse en un lugar donde hacer fructificar los talentos. No existen situaciones o lugares excluidos a la presencia y al testimonio cristiano. El testimono que Jesús nos pide no es cerrado, es abierto, depende de nosotros.
Esta parábola nos empuja a no esconder nuestra fe y nuestra pertenencia a Cristo, a no sepultar la Palabra del Evangelio, sino a hacerla circular en nuestra vida, en las relaciones, en las situaciones concretas, como fuerza que pone en crisis, que purifica, que renueva. Así como también el perdón, que el Señor nos dona especialmente en el Sacramento de la Reconciliación: no lo tengamos encerrado en nosotros mismos, sino dejémoslo que desate su fuerza, que haga caer los muros que nuestro egoísmo ha levantado, que nos haga dar el primer paso en las relaciones bloqueadas, retomar el diálogo donde no hay más comunicación… Hacer que estos talentos, estos regalos, estos dones que el Señor nos ha dado, sean para los demás, crezcan, den fruto con nuestro testimonio.
Creo que hoy sería una cosa buena que cada uno en casa tomase el Evangelio, el Evangelio de San Mateo, capítulo 25, versículos del 14 al 30, Mateo 25, 14-30, leer esto y meditarlo un poco: "los talentos, las riquezas, todo aquello que Dios me ha dado de espiritual, de bondad, la Palabra de Dios. ¿Cómo hago para que crezcan en los demas? ¿O solamente los custodio en una caja fuerte?". 
Además el Señor no da a todos las mismas cosas y de la misma manera: nos conoce personalmente y nos confía aquello que es justo para nosotros; pero en todos, en todos hay algo de igual: la misma, inmensa confianza. Dios se fía de nosotros, Dios tiene esperanza en nosotros. Esto es igual para todos ¡No lo defraudemos! ¡No nos dejemos engañar por el miedo, sino intercambiemos confianza con confianza! La Virgen María encarna esta actitud de la forma más bella y más plena. Ella ha recibido y acogido el don más sublime, Jesús en persona, y a su vez lo ha ofrecido a la humanidad con corazón generoso. Pidámosle ayudarnos a ser “servidores buenos y fieles”, para participar  “de la alegría de nuestro Señor”.
(Traducción del italiano, Raúl Cabrera- Radio Vaticano).
(RV).- Después de rezar el Ángelus, siguiendo la actualidad, el Obispo de Roma recordó las tensiones de estos días en la capital italiana entre residentes e inmigrados. De ahí su invitación a las Instituciones a asumir como prioridad lo que ya constituye una emergencia social que corre el riesgo de degenerar cada vez más.
Y al recordar que hoy se celebra la “Jornada mundial de las víctimas de la carretera”, el Pontífice invitó a rezar por cuantos han perdido la vida, deseando el empeño constante en la prevención de los accidentes de circulación.
Saludos del Papa tras el rezo del Ángelus dominical:
Queridos hermanos y hermanas:
En estos días, en Roma, hubo tensiones más bien fuertes entre residentes e inmigrados. Son hechos que suceden en diversas ciudades europeas, especialmente en barrios periféricos marcados por otras necesidades. Invito a las Instituciones, de todos los niveles, a asumir como prioridad lo que ya constituye una emergencia social y que, si no es afrontada lo más pronto posible y de modo adecuado, hace que se corra el riesgo de degenerar cada vez más.
La comunidad cristiana se empeña de modo concreto para que no haya desencuentro, sino encuentro. Ciudadanos e inmigrados, con los representantes de las instituciones, pueden encontrarse, también en una sala de la parroquia, y hablar juntos de la situación. Lo importante es no ceder a la tentación del desencuentro, rechazar toda violencia. Es posible dialogar, escucharse, proyectar juntos, y de este modo superar la sospecha y el prejuicio y construir una convivencia cada vez más segura, pacífica e inclusiva.
Hoy se celebra la “Jornada mundial de las víctimas de la carretera”. Recordamos en la oración a cuantos han perdido la vida, deseando el empeño constante en la prevención de los accidentes de circulación, así como también un comportamiento prudente y respetuoso de las normas por parte de los automovilistas.
Saludo a todos ustedes, familias, parroquias, asociaciones y fieles, que han venido de Italia y de tantas partes del mundo. De manera especial, saludo a los peregrinos procedentes de Murcia, España, Cagliari, Teramo, Gubbio y Lissone; al coro Amadeus de Villafranca, a la asociación de “Acompañantes a los Santuarios Marianos en el Mundo” y a los chicos de la Confirmación de Monte San Savino y de Torano Nuovo. Saludo a los empleados del Hospital Fatebenefratelli de Roma y al grupo de músicos del Teatro de la Opera de Roma.
Y no se olviden, hoy en casa, de tomar el Evangelio de Mateo, San Mateo, capítulo 25, versículo 14, y leerlo. Y hacerse las preguntas que vengan.
A todos deseo bueno domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

14.11.14.- Dar a los niños ejemplos de fe y no palabras, pidió el Papa en su homilía

Para transmitir la fe a  los niños y a los jóvenes de hoy, y ayudarlos a experimentar “la verdad y el amor”, los adultos deben ofrecerles ejemplos más que palabras. Lo afirmó el Papa Francisco durante la homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, en la que participó un grupo de niños y adolescentes de una parroquia romana.
¿Cómo se transmite la fe a los nativos digitales? Con la modalidad que mejor puede impactar a quien vive constantemente estimulado por las imágenes: el ejemplo. Mientras los chicos presentes en esta misa pierden su inicial timidez para responder después a las preguntas del Papa, Francisco se pone en los paños del catequista y, al mismo tiempo, del formador de los catequistas. Parece que estamos en la “Misa de los chicos”, dijo el Obispo de Roma al ver a estos niños y jóvenes, y prosiguió diciendo “es ver una promesa, es ver el mundo que vendrá”. Y se preguntó: ¿Pero qué dejaremos a nuestro futuro?:
“¿Enseñamos lo que hemos oído en la Primera lectura: caminar en el amor y en la verdad? ¿O lo enseñamos con las palabras, pero nuestra vida va por otra parte? ¡Pero para nosotros ver a los chicos es una responsabilidad! Un cristiano debe cuidar con solicitud a los chicos, a los niños y transmitirles la fe, transmitir lo que vive, que está en su corazón. ¡Nosotros no podemos ignorar a las plantitas que crecen!”.
Todo, afirmó el Papa Francisco, depende de la justa actitud hacia los niños. Y volvió a preguntarse: ¿Cómo es mi actitud? ¿Es una actitud de hermano, de padre, de madre, de hermana, que lo hace crecer o es una actitud de indiferencia: “ellos crecen, yo hago mi vida…?”:
“Todos nosotros tenemos la responsabilidad de dar lo mejor que tenemos y lo mejor que tenemos es la fe. Darla a ellos, ¡pero darla con el ejemplo! Con las palabras no sirve, con las palabras… ¡Hoy las palabras no sirven! En este mundo de la imagen, todos estos tienen el celular y las palabras no sirven… ¡Ejemplo! ¡Ejemplo! ¿Qué cosa les doy a ellos?”
A este punto, comenzó el diálogo. El Papa preguntó a los chicos por qué participaban en esta misa, y alguno, después de cierto tiempo, se armó de valor y admitió: “Para verte…”. El Papa Francisco replicó:  “También a mí me agrada verlos a ustedes”. Y se informó acerca de si ya recibieron la Primera Comunión, y también la Confirmación, y repitió a todos que el Bautismo “abre la puerta a la vida cristiana” y que, inmediatamente después, inicia un “camino largo cuanto toda la vida”.
El recorrido descripto en la Carta de Juan escuchado poco antes: “Caminar en la verdad y en el amor”. Y más adelante, indicó el Papa, llegarán otros Sacramentos como el  matrimonio. Pero este camino, reafirmó, “es importante saber vivirlo, saber vivirlo como Jesús”:
“¿En estos Sacramentos – les pregunto – la oración es un Sacramento?... ¡Fuerte!… ¡No! ¡Es verdad!, ¿no? La oración no es un Sacramento, pero debemos rezar. ‘¿No saben si deben rezar? Bien… ¡Sí! Rezar al Señor, rezar a Jesús, rezar a la Virgen, para que nos ayuden en este camino de la verdad y del amor. ¿Entendieron? Han venido para verme. ¿Quién de ustedes lo había dicho? Tú. Es verdad. Pero también para ver a Jesús. ¿De acuerdo? ¿O dejamos de lado a Jesús? Ahora viene Jesús al altar. ¡Y lo veremos todos! ¡Es Jesús! En este momento debemos pedir a Jesús que nos enseñe a caminar en la verdad y en el amor. ¿Lo decimos juntos? ‘Caminar en la verdad y en el amor’”.

14.11.14.- Papa: dignidad humana y trabajo, globalizar la solidaridad por el bien de la humanidad

Ante la apremiante y dramática actualidad en tantas partes del mundo, debe prevalecer la «dignidad humana de los trabajadores» - por encima de la burocracia sin alma y de «los intereses utilitaristas y del provecho salvaje» -  y «la economía y la finanza están llamadas a favorecer el bienestar de toda la humanidad», con especial atención a «los más débiles y pobres» reiteró el Papa Francisco a los participantes en el Congreso mundial de la Federación internacional de Contadores, que recibieron con grandes aplausos sus palabras. Recordando que, como nos enseña la Doctrina Social de la Iglesia, el principio de solidaridad, armonizado con el de subsidiaridad está siempre al servicio del hombre, para «impulsar la justicia, sin la cual no puede haber paz verdadera y duradera».
Con su cordial bienvenida, este viernes, a los miembros de la organización mundial para la profesión de contador, que representa aproximadamente a 2 millones y medio de contadores, de 124 países, el Obispo de Roma expresó su gratitud a los congresistas por haber querido este encuentro con el Papa, recordando «el Evangelio de Cristo, como fuente perenne de inspiración para la renovación personal y social», en especial ante el difícil y dramático momento presente:
«El actual contexto socioeconómico plantea de forma apremiante la cuestión del trabajo. Ustedes, desde su observatorio profesional, se dan cuenta de la dramática realidad de tantas personas que tienen un trabajo precario, o que lo han perdido; de tantas familias que pagan las consecuencias de esta realidad; de tantos jóvenes que buscan su primer empleo y un trabajo digno. Son numerosos los que están obligados a trabajar ‘en negro’ y que carecen de las garantías jurídicas y económicas más elementales, sobre todo inmigrantes».
En este contexto, el Papa Bergoglio reiteró la importancia de la justicia y la legalidad, sin caer en la tentación de defender los intereses particulares, tutelando la dignidad humana ante la fría burocracia, y la responsabilidad de los profesionales cristianos:
«Sabiendo que detrás de cada papel hay una historia, hay rostros. En este compromiso, que, como decíamos, requiere la colaboración de todos, el profesional cristiano encuentra en la oración y en la Palabra de Dios la fortaleza ante todo para cumplir su propio deber, con competencia y sabiduría. Y luego, para ir más allá, que quiere decir salir al encuentro de la persona en dificultad; ejercitar esa creatividad que te permite encontrar soluciones en situaciones estancadas; hacer valer las razones de la dignidad humana, ante la rigidez de la burocracia».
Tras señalar que «la economía y la finanza son dimensiones de la actividad humana y pueden ser ocasión de encuentro, de diálogo, de cooperación, de derechos reconocidos y de servicios brindados, de dignidad afirmada en el trabajo», el Santo Padre reiteró que para ello «es necesario poner siempre en el centro al hombre con su dignidad», y nunca el dinero:
«Cuando el dinero se vuelve el fin y la razón de toda actividad e iniciativa, entonces prevalecen la óptica utilitarista y las lógicas salvajes del provecho, que no respeta a las personas, con la consiguiente caída de los valores de la solidaridad y del respeto de la persona humana. Los que trabajan en los diversos ámbitos de la economía y de la finanza están llamados a cumplir opciones que favorezcan el bienestar social y económico de toda la humanidad, ofreciendo a todos la oportunidad de realizar su propio desarrollo».
A los contadores que ofrecen sus conocimientos económicos y financieros no sólo a empresas, sino también a las familias y a los individuos, el Papa los alentó a impulsar la justicia, la atención a los más necesitados y la ética de la economía:
«Los animo a obrar siempre responsablemente, favoreciendo relaciones de lealtad, de justicia y de fraternidad, afrontando con valentía, sobre todo los problemas de los más débiles y de los más pobres. No basta dar respuestas concretas a las demandas económicas y materiales. Hay que suscitar y cultivar una ética de la economía, de la finanza y del trabajo. Hay que mantener vivo el valor de la solidaridad - esta palabra que corre el riego de ser borrada del diccionario -  como actitud moral, expresión de la atención hacia el otro en todas sus legítimas exigencias».
El Papa Francisco reiteró una vez más el magisterio de la Doctrina Social de la Iglesia y la importancia de la globalización de la solidaridad, pensando también en nuestra responsabilidad para con las generaciones venideras:
«Si queremos entregar mejorado, a las generaciones futuras, el patrimonio ambiental, económico, cultural y social que hemos heredado, estamos llamados a asumirnos la responsabilidad de trabajar para impulsar una globalización de la solidaridad. La solidaridad es una exigencia que mana de la misma de red de interconexiones  que se desarrollan con la globalización. Y la Doctrina Social de la Iglesia nos enseña que el principio de solidaridad se  realiza en armonía con el de la subsidiaridad. Gracias al efecto de estos dos principios los procesos van al servicio del hombre y crece la justicia, sin la cual no puede haber paz verdadera y duradera». (CdM – RV)

13.11.14.- El Reino de Dios crece en silencio, sin dar espectáculo, recuerda el Papa Francisco

El Reino de Dios crece cada día gracias a quien lo testimonia sin hacer “rumor”, rezando y viviendo con fe sus obligaciones familiares, en su trabajo o en su comunidad de pertenencia. Lo subrayó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
En el silencio, tal vez de una casa donde “se llega a fin de mes sólo con medio euro”, y sin embargo no se deja de rezar y de atender a los propios hijos y a los propios abuelos: es allí donde se encuentra el Reino de Dios. Lejos del clamor, porque el Reino de Dios “no llama la atención” tal como no la llama la semilla que se desarrolla debajo de la tierra.
El Papa Francisco inspiró su homilía en las palabras del pasaje del Evangelio de Lucas, donde a la pregunta de los discípulos, ‘¿cuándo vendrá el Reino de Dios?’, Jesús responde: vendrá el día en que “les dirán: ‘Ahí está, o: ‘He aquí’; no se vayan”. “El Reino de Dios – afirmó el Papa – no es un espectáculo. El espectáculo, tantas veces es la caricatura del Reino de Dios”:
“¡El espectáculo! El Señor jamás dice que el Reino de Dios es un espectáculo. ¡Es una fiesta! Pero es diferente. Es fiesta, ciertamente, es bellísima. Una gran fiesta. Y el Cielo será una fiesta, pero no un espectáculo. Y nuestra debilidad humana prefiere el espectáculo”.
Tantas veces, dijo el Papa, el espectáculo es una celebración  – por ejemplo en las bodas  – a las que se presenta gente que más que a recibir un Sacramento va “a hacer el espectáculo de la moda, del  hacerse ver, de la vanidad”. En cambio, prosiguió Francisco, “el Reino de Dios es silencioso, crece dentro. Lo hace crecer el Espíritu Santo con nuestra disponibilidad, en nuestra tierra, que nosotros debemos preparar”. Después, añadió citando las palabras de Jesús, también para el Reino llegará el momento de la manifestación de la fuerza, pero será sólo al final de los tiempos:
“El día que hará rumor, lo hará como el rayo, chispeando, que se desliza de un lado al otro del cielo. Así será el Hijo del hombre en su día, el día que hará rumor. Y cuando uno piensa en la perseverancia de tantos cristianos, que llevan adelante su familia – hombres, mujeres –  que se ocupan de sus hijos, cuidan a los abuelos y llegan a fin de mes sólo con medio euro, pero rezan. Ahí está el Reino de Dios, escondido, en esa santidad de la vida cotidiana, esa santidad de todos los días. Porque el Reino de Dios no está lejos de nosotros, ¡está cerca! Ésta es una de sus características: cercanía de todos los días”.
También cuando describe su venida en una manifestación de gloria y de poder – insistió el Papa al concluir – Jesús añade inmediatamente que “antes es necesario que Él sufra mucho y sea rechazado por esta generación”. Lo que quiere decir –  notó Francisco – “que también el sufrimiento, la cruz, la cruz cotidiana de la vida – la cruz del trabajo, de la familia, de llevar adelante bien las cosas – esta pequeña cruz cotidiana es parte del Reino de Dios”.
Y terminó diciendo: pidamos al Señor la gracia “de cuidar el Reino de Dios que está dentro de nosotros” con “la oración, la adoración y el servicio de la caridad, silenciosamente”:
“El Reino de Dios es humilde, como la semilla: humilde pero se vuelve grande, por la fuerza del Espíritu Santo. Debemos dejarlo crecer en nosotros, sin vanagloriarnos: dejar que el Espíritu venga, nos cambie  el alma y nos lleve adelante en el silencio, en la paz, en la tranquilidad, en la cercanía a Dios, a los demás, en la adoración a Dios, sin espectáculos”.
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Umberto Yañez Pacem in terris Pacientes Pactos Lateranenses Padre Mario Beverati Padre Pedro Arrupe Padre Pío Padre Victorino Ortego Paganos Paises Paises Bajos Palios Palito Ortega Pan Pan de vida Pan vivo Papas Papá Parresía Parusía Pasaporte Paseo Pastoral familiar Pataxó Patraiarca Fouad Twal Patriarca Mar Dinkha IV Patriarcado de Moscú Patrona Patrona de América Pecado original Pecados capitales Pederastia Pedófilos Pensador Pepe Luque Peregrinación de las familias Pereza Perfección Perseguidos Peter Seewald Peticiones Philomena Lee Piedra Piedras vivas Pio X Planeta Plegaria Eucarística Policía Politeísmo Polémica Pontificia Academia Eclesiástica Pontificia Academia de Ciencias Pontificia Academia para la Vida Pontificia Comisión Bíblica Pontificia Comisión para América Latina Pontificia Comisión para la protección de menores Pontificia Universidad Gregoriana Pontificias Obras Misioneras Pontificio Consejo para los Laicos Pontificio Insitituto Bíblico Pontífice Porciúncula Portavoz Preceptos Prelados Preocupaciones Presbiterio Presunción Primado Primicia de los redimidos Primogénito Profesión Profundidad Prostitución Protomártires Provida Proximidad Prudencia Prófugos Publicanos Publicidad Puebla Pueblos originarios Purgatorio Purificación Pérez Esquivel Pío IX Pío V Pío VII Qom Qui arcano Dei RAI ROACO Racionalismo Radio María Radio Virgen del Carmen Radipuglia Raquel Razón Realismo Rechazo Reconstitución Rectores Redemptoris Mater Refugiado Refugio de los pecadores Reina Isabel Reina de la Familia Reina de los Mártires Reina de los Santos Reina de los Ángeles Reina del Cielo Reina del Universo Reino Unido Reinserción Relatio Synodi Relativismo Rencor Representantes Pontificios Reproducción Reputación República Centroafricana Rescriptum Resentimiento Resignación Resistencia Respondo Responsabilidad Resucitados Rev. Olav Fykse Tveit Revista Revolucionarios Rey Rey de Jordania Reyes Magos Ricardo Martinelli Ricardo Romano Richard Burridge Rigidez Rivalidad Roberta Leonardi Roca Rocío Manzaneque Rodolfo Proietti Rodrigo de la Serna Romano Guardini Rota Romana Rugby Russell Crowe Rutina Sabios Sacerdotes villeros Sacralidad Sacrificio Eucarístico Sacrilegio Sacro Cuore Sagrada Sagrado Salam Salesianos Salmos Salomón Salta Salvifici doloris San Agustín San Antonio de Padua San Camilo de Lelis San Casimiro San Celestino V San Cesáreo de Arlés San Expedito San Felipe Neri San Francisco Javier San Francisco de Laval San Francisco de Sales San Gabriel San Ireneo San Joaquín San Josafat San Josemaría San José de Anchieta San Juan Crisóstomo San Juan Diego San Juan Pablo San León Papa San Lorenzo San Luis Gonzaga San Luis María Grignon de Montfort San Luis Orione San Roque Gonzáles de Santa Cruz Sangre Santa Ana Santa Fe Santa Iglesia Santa Inés Santa Isabel Santa María Santa María de la Encarnación Santa Mónica Santa Rita Santa Sabina Santiago de Chile Santificación Santuario Sara Sebastián Correa Sebastián Piñera Sectas Sede de la Sabiduría Seducción Segunda venida Selecciones Selfie Semana Social Semana de la Familia Sembrador Sensus Fidei Sensus fidelium Sentido del pecado Sergio Bergman Sermón de la montaña Servidora Señal de la Cruz Señor del tiempo Seúl Shenouda III Sicilia Sida Siglo XX Siglo XXI Signatura Apostólica Signo de la Cruz Signos de los tiempos Silla gestatoria Sinagoga Sindicatos Siro Malankar Sobornos Sobriedad Sociedad Italiana de Cirugía Oncológica Sociología Sodoma Sollicitudo omnium ecclesiarum Soltera Sordomudos Stefano Fontana Stella Matutina Subdesarrollo Sudán Suecia Suicidio Summorum Pontificum Sumo Sacerdote Superficialidad Superiores Taizé Tango Tarragona Telecomando Teodoro II Teofanía Teología del cuerpo Tepeyac Teresa de Calcuta Tergiversación Terremoto Testamento The Economist The Newyorker Theotokos Tibieza Tiempo Tierra Prometida Timothy Schmalz Tinieblas Tobit Toda Santa Madre de Dios Tolerancia Tota Pulchra Trabajo infantil Traidor Transformados Transgresión Trento Trepadores Tribulación Triduo Pascual Túnez UNASUR UNITALSI Uniformidad Unitatis Redintegratio Universal Vagabundo Vailankanni Vanagloria Varginha Vecinos Velar Vencedor Verbo Encarnado Verona Veterano Veterocatólicos Vicario de Cristo Vida comunitaria Vida espiritual Vida por nacer Videntes Vidigal Vigilancia Vinicio Ceva Vino Violación Virgen Desatanudos Virgen de Coromoto Virgen del Carmen Virgen el Carmen Virginidad Visitación Visitas Viudas Viudez Viviente Vivir Vjekoslav Bevanda Vladimir Ghika Vocaciones Víctor Manuel Fernández Víctor Saldaño Walter Brandmüller Walter Habiague Washington Web Wlodzimierz Redzioch World Jewish Congress Xi Jinping Yosef Yitzhak YouCat Youhanna X Zacarías Zelotas astor Bonus científicos he Times homi homonomio instrumentum laboris Ángela de Foligno Ángeles Árbol de Navidad Ávila Éfeso Ícono Ícono de la Fe Óleo Última Cena Últimos tiempos